Un día con Carolina Herrera…

Estaba embarazada de 5 meses de mi segunda hija y la primera revoloteaba a mi alrededor cuando una amiga me llamó para preguntarme si podía pasar un día con Carolina Herrera y escribir de la experiencia para VOGUE España, “Of course”, le dije sin pensarlo.

Era un momento de mi vida en el que la maternidad lo rodeaba todo y en el que me encontré con esta gran mujer que si algo destila es elegancia y sofisticación pero sobre todo ese poder femenino que todas deberíamos recordar que tenemos.

Pensé que cuando mi hija creciera sería hermoso saber que le dediqué ese día en el que ambas acompañamos a Carolina Herrera por sus rincones neoyorquinos así que cuando escribí el texto lo firme como si fuera mi hija, Isabella Revilla.

Cuando llegó la revista a casa se la envié a la representante y le expliqué el por qué en lugar de mi nombre aparecía ése. Meses después recibí una tarjeta cuyo remitente era ella, la mismísima Sra. Herrera y en la que con su puño y letra escribió dos notas: una para mí y otra para Isabella.

“Querida Alejandra. No sabes cómo me gustó tu artículo en Vogue. Sé que se lo dedicaste a tu hija y lo firmaste con su nombre. Me pareció un gesto adorable…”, decía una parte de la carta.

Lo cierto es que el gesto adorable me pareció el de ella y sobra decir que esa tarde cuando salí al parque con mi niña y mi gran barriga no caminaba, flotaba por las calles de Manhattan.

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Carolina Herrera, en entrevista.

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