Cómo aprender a vivir entre cuatro paredes

Opinion

Cómo aprender a vivir entre cuatro paredes

alejandraMusi

Grand Central estaba casi vacío y Broadway apagó sus luces por tiempo indefinido. La imagen
desoladora de Times Square que hubiera sido impensable hace apenas dos semanas se hizo
realidad de forma vertiginosa.
La ciudad que se caracteriza por sus restaurantes, bares y ocio colgó los carteles de cerrado por
todas partes: museos, peluquerías, spas. Todo se detuvo.
Y nos metimos a nuestras casas, con los niños aprendiendo a distancia y la tecnología más
presente que nunca.
Pero la vida no se detiene y después de varias jornadas de angustia y de dar vueltas por la casa
torpemente se empiezan a encontrar nuevas formas de conectar.
Las estrellas de Broadway no han dejado de cantar, por ejemplo, y hace dos días comenzaron a
ofrecer conciertos en vivo desde plataformas creadas para sobrevivir a la pandemia a ambos lados
de la pantalla.
Lo mismo pasó con los museos que dan tours virtuales a sus salas, la Opera Metropolitana que
ofrece sus programas en streaming y los cientos de webs que dan ideas para entretener a los
pequeños que revolotean por la casa.
Entretenimiento sobra, lo que hace falta es encontrar nuevas rutinas que nos ayuden a pasar las
horas sintiendo que seguimos respirando.
Lo que estamos aprendiendo los que llevamos algunas semanas de ventaja en esto del
confinamiento es que hay estrategias que son clave para sobrevivir al día a día más allá de la
tecnología y es la de buscar un nuevo orden.
Sí, hay que tener horarios y disciplina incluso cuando la tentación de quedarse más tiempo en la
cama es muy grande o cuando parece el mejor momento para darse un atracón de series.
Los que tenemos hijos hemos encontrado alivio en la escuela a distancia porque a pesar de que los
padres tenemos que compaginar el trabajo con habernos convertido en profesores de la noche a
la mañana ellos agradecen tener actividades claras y eso al final es lo que empieza a traer la calma.
Entre cuatro paredes también se aprende cómo dar abrazos y tomar cafés por videoconferencia,
se extraña a los verdaderos amigos y se empieza a hacer limpieza de armarios pero también
mental. Se van borrando listas de cosas por hacer, compromisos y personas.
Se vuelven a hacer rompecabezas, a buscar libros qué leer y recetas que cocinar a fuego lento.
El ejercicio se vuelve vital para mantenernos con la mente clara y los días en que se tiene más
fuerza de voluntad y comemos sano comprobamos que estamos más equilibrados.
También se ríe más en las comidas familiares en donde ya no hay prisas, empiezan a surgir
conversaciones para las que antes no había lugar en la agenda, se piensa más, se siente más.
Y nos empezamos a dar cuenta de las cosas que nos sobraban y con las que de verdad queremos
vivir.
El confinamiento es una especie de pausa en el mundo. Y se tienen días muy malos, sí.
Desesperantes, también. Pero lo que nos permite seguir adelante son los buenos, esos en los que
tenemos la certeza de que somos más fuertes de lo que pensábamos y de que esto pasará.
Porque así será: pasará.

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