Opinion

Hablar del pasado es actual

Difiero en absoluto de quienes piensan que mirar hacia el pasado no tiene aprendizajes para la
actualidad. La frase que se le ha atribuido a Confucio y Napoleón Bonaparte que dice que “aquel
que no conoce su historia está condenado a repetirla” no podría ser más cierta.
Últimamente he escuchado muchas quejas acerca de cómo el cine se ha volcado demasiado en
explorar situaciones de otras épocas o en hacer ciertos remakes dejando al lado la modernidad.
Para mí, la clave está en analizar a profundidad qué remake se está haciendo y qué tema se está
revisitando.
Porque sí, Mujercitas, a pesar de haber sido escrita en 1868 por Louisa May Alcott, aún habla de
muchas cosas que siguen sucediendo y de temas que son vigentes. No es extraño pues, que a
pocos años del #MeToo y de que se den a conocer cifras de escándalos de cómo en el siglo XXI
sigue existiendo el techo de cristal y una desigualdad salarial para las mujeres en la gran mayoría
de los países del mundo, Mujercitas y esa Jo que sueña con vivir de su escritura resuene en
muchas madres e hijas.
Sobra decir que el mundo está lleno de Megs, Amys, Beths y Marmees. Y lo cierto es que es bello
poder ver esas historias envueltas en vestuarios y escenarios de otra época que por más lejana
que esté, conecta y dice algo valioso hoy en día.
Qué decir de las películas de guerra. “¿Otra más?”, es la pregunta que he escuchado
constantemente. Otra más, pero ojo, que si se trata de 1917 o de Jojo rabbit no nos están diciendo
algo nuevo sino que nos están recordando algo importante: la guerra duele, el odio destruye, los
extremos son peligros. Alrededor de los días en que 1917 se estrenó en salas, la crispación entre
Estados Unidos e Irán estaba llegando al límite en el que nadie descartaba el inicio de la tercera
guerra mundial.
Así es que no puedo pensar en un tema más vigente y oportuno que en el de ambas películas,
porque cuando las personas piensan que ya basta de hablar de Hittler, surge una película que de
forma brillante nos vuelve a recordar lo que pasa con el fascismo. En una Europa cada vez más
polarizada, con los gobiernos de extrema derecha ganando cada vez más terreno, es importante
recordar lo que ocurre cuando estos llegan al poder.
El cine está hecho para entretenernos, sí, pero también para provocarnos la reflexión, para actuar
como un espejo y plasmar lo que nos ocurre y lo que no hemos aprendido y tenemos que volver a
vivir una y otra vez aunque sea a través de la ficción.
Y sí, también hay cintas que buscan la taquilla fácil, que carecen de contenido y de invención, que
pueden estar disfrazadas de tecnología, de temas “actuales” y de aseveraciones superficiales. La
calidad y profundidad de las mismas no tiene que ver con el año en el que se sitúan, la época que
les da contexto o el tema que se está abordando sino con cómo lo hacen, hacia dónde te llevan.
En ese sentido, mirar al pasado no podría ser más progresista.

Mundo

Los diseños de Chiapas toman pasarelas de NY Alberto…

Nueva York.— En plena efervescencia de la Semana de la Moda de esta capital de la moda, el diseñador chiapaneco Alberto López llegó a la Ciudad de los Rascacielos para ofrecer algo muy poco desarrollado en la industria neoyorquina: el textil artesanal.
“Me he dado cuenta de que en Nueva York existe una gran variedad de diseñadores muy interesantes pero todo se trabaja con telas industriales, casi no hay un trabajo artesanal y es por ello que creo que mis diseños han gustado tanto y llamado la atención”, comenta el creador, quien charló en exclusiva con EL UNIVERSAL.
El encuentro se realizó en el restaurante MAD Morton, en el legendario Village de Manhattan, donde este 7 de febrero presentará sus diseños en una cena-show íntima exclusiva. Desde que aterrizó en la Gran Manzana, Alberto ha sido muy solicitado.
Su agenda no se detiene ahí, pues el 8 de febrero presentará otro desfile en la galería René Soto, en Norwalk, Connecticut, y el 10 de febrero Alberto llegará al famoso barrio de Williamsburg, en Brooklyn, donde mostrará su colección en un entorno muy exclusivo.
“Estar en Nueva York es algo que jamás imaginé poder hacer y todavía hay muchas cosas que tengo que digerir. Pero es muy inspirador este viaje, me he dado cuenta de todas las posibilidades que hay y de todo el trabajo por hacer”, dice el originario de Aldama, Chiapas.
Asegura que lo más importante es seguir trabajando para cambiar la vida de su comunidad.
“Mi sueño es lograr abrir una especie de museo y casa de cultura en la que los niños y jóvenes aprendan diseño textil, en donde puedan profesionalizarse y mejorar sus vidas. Me encantaría lograr una mejor educación para la gente de mi entorno. Para esos niños que van a la escuela sin nada, con sus libros en la mano y descalzos, pero que a través del aprendizaje de un oficio pueden cambiar su futuro porque de ahí es de donde yo vengo. Ese es mi objetivo y lo que me mueve a hacer todo lo demás”, dice. Algo a destacar es la gran acogida y ayuda que le ha dado al diseñador la comunidad mexicana en Nueva York. Los empresarios como Daniel Arellano Martínez, de San Bartolo Mezcal Artesanal, el productor Kwan Salazar, la artista Sandra Soto y el modelo Jaime Bajonero, todos ellos afincados en esta ciudad, han sido pieza clave para orquestar la exitosa agenda del talento chiapaneco que también estuvo presente en la sede de la Organización de las Naciones Unidas; se reunió con el cónsul de México y tiene pendiente un encuentro con Anne-Claire Legendre, la Cónsul General de Francia en Nueva York, pues en marzo próximo se espera que Alberto viaje al país galo para seguir con el proyecto de internacionalización de sus textiles.
Alberto asegura que viajar con sus diseños le ayuda a “llamar la atención hacia potencial conque cuenta la comunidad indígena y su talento”.

Festivales

En el backstage de «El cascanueces»

De pronto te sientas en las butacas del teatro, empieza el show y ves cómo todo está perfectamente coordinado: los niños que hacen de ratones, los renos que no pasan de los seis años pero saben qué hacer en el escenario, las niñas disfrazadas de caramelo que revolotean en torno a los bailarines profesionales. Un total de 136 personas que conforman el espectáculo más
esperado del invierno y en el que todos tienen una razón de ser y cada detalle funciona. Sí, hablo del clásico El cascanueces, producción original de Marius Petipa y Lev Ivanov, y adaptación del cuento de Alejandro Dumas.

Este año, mis hijas de seis y nueve años tuvieron la suerte de formar parte de esta gran puesta en escena que hace unos días llegó a su fin en el Teatro Palace de Stamford. La emoción de esta oportunidad pronto se convirtió en estrés al descubrir la complejidad de la logística de los ensayos, pues aunque ambas participaran, sólo unos minutos eran parte de un todo que está cronometrado al milímetro.


El director de la obra, Mr. Raphael, quien lleva montando este espectáculo por 35 años, fue inflexible cuando le pedí permiso para que una de mis hijas faltara a un ensayo en la noche de un domingo pues teníamos un evento familiar importante.


Al principio me molestó darme cuenta de que no podría evitar la cancelación de nuestros planes pero asumí que habíamos hecho un compromiso con el ballet y que por más incómodo que me pareciera, tenía que enseñarle a mis hijas la importancia de cumplirlo.

El verdadero aprendizaje vino después, pues esa noche, cuando mi hija volvió del ensayo, me dijo que aunque estaba muy triste se sentía bien de no haber fallado ese día porque hubiera afectado a los demás. En ese punto yo aún no era consciente de la dimensión que esto tenía, pero llegó el día del primer show. Todo parecía fácil, perfecto: los vestuarios, las posiciones de cada personaje en el escenario, los bailarines estrella entre los cuales los niños se movían con gracia y sabiendo en dónde tenían que estar para no ser pisados, para no interrumpir o estorbar.


El resultado de tanta disciplina y esfuerzo fue espectacular. Y entonces agradecí la lección, tan clara, tan viva, que experimentamos en este proceso mi familia y yo: la de comprobar de forma tan evidente los resultados del esfuerzo, de la renuncia, de las noches de desvelo, del cansancio,
de la paciencia y de entender que para conseguir grandes cosas todas las piezas del engranaje son cruciales. En un mundo en el que todo es inmediato, en el que se valora tanto la individualidad y en el que la satisfacción instantánea se aplaude y a la que se accede tan fácilmente, poder encontrar a un hombre como Mr. Raphael y el equipo de personas que lo acompañan en esta titánica labor fue inspirador.


Ver a una comunidad de padres comprometidos con un proyecto y lo que se consigue cuando todos los esfuerzos apuntan hacia algo también me impactó porque esto en realidad es sólo un ejemplo de la vida: lo que nos forma, lo que nos une, lo que nos hace mejores personas es lo que ocurre en el backstage de cada uno de nuestros triunfos, el show es el postre.

Mundo

Un gran año para el cine

La tradición en esta época del año es hacer las listas de las mejores películas que han pasado por los festivales y carteleras del mundo. Para este momento ya las habrán leído.
Es un recuento que suele ser de 10 filmes y que, por lo general, al llegar al octavo o noveno puesto empiezas a dudar si realmente esa película merecería estar en un ranking tan exigente. Este año me ocurrió lo contrario.
Diez sitios eran pocos para mencionar todas las piezas valiosas que el año 2019 nos trajo y tuve que hacer un gran esfuerzo por decidir cuáles eran esas 10 o 15 piezas, en el mejor de los casos, porque había muchas otras que también merecían mención.
La pantalla grande, tan cuestionada en tiempos del streaming demostró que sigue siendo una experiencia colectiva necesaria y capaz de motivar al público.
Esto no quita el mérito que han tenido las plataformas digitales en crear varias de las cintas más importantes del año (The Irishman, Marriage story) pero lo que se hizo patente es que ambas formas de exhibir una historia pueden coexistir e incluso retroalimentarse.
Mientras que todos los oráculos apostaban a un vertiginoso apocalipsis del cine, de forma inesperada —y muy deseada—, tuvimos doce meses de buena cinematografía que no se detendrá, pues aún están por llegar a México en los primeros meses de 2020 piezas destacables y que darán batalla en los Oscar como la dirigida por Greta Gerwig, Mujercitas, o Bombshell (El escándalo), de
Jay Roach, cuya historia del acoso sexual del entonces CEO Roger Ailes de Fox News y la cultura del abuso del poder no pudo estrenarse en las salas de Estados Unidos en mejor momento que el mismo día en el que todas las portadas del planeta anunciaban el impeachment a Donald Trump.
Y en el año en donde ha habido un nivel cinematográfico encomiable me hago harakiri al elegir una, la que creo que ha sido la más importante en cuanto al impacto social y el mensaje que nos deja y es sin duda Parasite.
La lección de su director surcoreano Bong Joon Ho acerca de cómo sí es posible crear historias con la profundidad, complejidad y maestría capaz de conquistar a los críticos pero a la vez hacer filmes entretenidos y cercanos a la audiencia es una bocanada de aire fresco.
El cine no siempre tiene que requerirle al espectador una serie de referencias para ser una obra maestra y las historias bien contadas, con profundidad y con el cuidado artesano de un cineasta como Bong también pueden llenar las salas.
Parasite además tiene el acierto de tocar un tema urgente y que impulsa los resortes humanos de cualquier sociedad actual del globo terráqueo como lo es la desigualdad social.
Mientras unos tengan tanto y otros tan poco no podremos vivir en armonía.
Un mundo polarizado ya no funciona. Ese es el mensaje con el que llegamos a 2020 y que el cine ha reflejado en muchas ocasiones pero este año resuena con más contundencia pues parece que hemos tocado fondo.
Es tiempo de cambios y el cine promete estar ahí para seguirlos mostrando.

Opinion

Cuando nuestros ídolos de la infancia se convierten en…

Columna publicada en El Universal

Una de las cosas difíciles al crecer es que con los años también se van encadenando las decepciones. No todos los finales de los cuentos son felices y muchas de las historias que nos contaron son falsas, como la de esos niños que admirabas y creías que lo tenían todo: trajes de colores, amigos, fama y sobre todo, el amor y la aceptación del mundo, llámese Parchís, Luis Miguel, Drew Barrymore, Macaulay Culkin, Lindsay Lohan o Miley Cirus.

Conocer la historia de cada una de esas estrellas de las que eras fan y luego compadeces es una bofetada a las ilusiones con las que crecimos.

Niños explotados, víctimas de la ambición de los adultos que se aprovechan de esos años de inocencia en los que los pequeños cantan, bailan, actúan y hacen lo que sea con tal de sentirse queridos y arropados por esa fantasía que cuando revienta trae consecuencias irreversibles.

Pero lo que más me asombra de estas historias no es que en la mayoría de ellas exista un mánager truculento o una casa discográfica que se queda con las ganancias de forma inequitativa o los productores que empujan a la criatura al vacío con tal de lograr el estreno del momento.

Lo más grave son esos padres que arrojan a los hijos a los reflectores, que prefieren cerrar los ojos con tal de recibir ese cheque, ir a ese viaje, vestirse con esas etiquetas, vivir en esa majestuosa casa y poseer esos lujos que nunca soñaron lograr con sus propios méritos.

Lo peor es que la historia se repite una y otra vez, pese a los candados legales que se han puesto para detener estos abusos.

La primera vez que el caso de explotación de una estrella infantil se hizo eco a nivel internacional fue en 1921 con Jackie Coogan, el pequeño histrión que se catapultó a la fama al interpretar junto a Charles Chaplin la cinta El niño.

Coogan se convirtió en el infante mejor pagado de su época pero, al morir su padre, su madre se casó con su mánager y, cuando quiso acceder al dinero que había ganado, ambos se negaron a dárselo (además de que se lo habían gastado casi todo).

Jackie los demandó pero no existía ninguna ley en California que permitiera a las personas acceder al dinero que habían generado cuando eran menores de edad.

Tras la furia que esto generó en la opinión pública se creó la famosa Ley Coogan que protege a los niños artistas de Estados Unidos.

Desde 1921 a la fecha también han pasado por los tribunales demandando a sus padres Gary Coleman (Blanco y negro), Mischa Barton (The O.C.), Leighton Meester (Gossip girl), Billy Unger (Lab rats), Jena Malone (Los juegos del hambre), Chris Warren (High school musical), por mencionar sólo algunos nombres de la interminable lista.

Ahora, cuando me siento a ver una película infantil con mis hijas o me cuentan con emoción lo que hace la joven youtuber del momento, puedo percibir cómo ellas desearían ser esas niñitas adorables que parecen tener el mundo a sus pies y siento envidia al darme cuenta de lo alentador que era cuando yo también creía que esa fantasía existía.

Entrevistas

Brad y Leo. No fotos y no ventanas

Entrevista publicada en El Universal

Para llegar a Pitt y DiCaprio hay que tapar ventanas y poner cinta adhesiva al lente del celular. “Este trabajo es solitario”, dicen en entrevista con EL UNIVERSAL

Cannes.— El silencio antes del encuentro con Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en el Hotel Carlton de Cannes es notorio. Para poder acceder a ellos todas las cámaras de los celulares son tapadas con cinta adhesiva. 

Las órdenes de los publicistas acerca de no hacer preguntas personales y de enfocar toda la entrevista a la nueva cinta de Tarantino, Once upon a time in Hollywood son claras. Tras una hora de espera ambos actores entran a la suite del glamoroso hotel, donde las ventanas y cristales de las puertas también habían sido protegidas con papel mate en contra de los paparazzi. Hay tensión. Sin embargo, cuando ambas estrellas llegan y empiezan a charlar, la parafernalia que los rodea desaparece. 

Brad está relajado, con una camiseta de algodón casual y la gorra que le encanta llevar siempre. Leonardo, un poco más formal con su chamarra de gamuza y camiseta negra.

Ambos se ven cómodos de estar el uno con el otro y confirmaron que el bromance (como se suele decir a las grandes amistades entre hombres) del que el mundo está hablando es real.

Y es que según contaron, cuando te conviertes en una gran estrella te apartas de todo y es precisamente en el trabajo en donde logras crear tus vínculos más importantes. 

“Amo la forma en la que Quentin retrata a nuestros dos personajes porque este es un negocio muy solitario. Así es que la gente con la que trabajas se convierte en tu familia. Cuando llegas a esta industria esperando lo mejor estás esencialmente aislado y tienes que confiar en otros para levantarte el ánimo. Y eso es lo que muestra Tarantino en este filme, lo cual me encanta. Hizo un trabajo hermoso”, explicó Leonardo, quien en esta cinta se puso en la piel de Rick Dalton, una estrella de películas western decadente y obsesionado con no perder su fama y prestigio en Hollywood. 

Pitt por su parte, interpreta al doble de DiCaprio y fiel amigo y conductor, Cliff Booth. Y si algo dejó claro Leo es que después de trabajar juntos en esta cinta a Brad lo considera un verdadero amigo. Pitt, en su estilo, bromeó: “Yo todavía estoy en el proceso de evaluarlo pero luce bien, tiene buenas perspectivas. Siento un gran respeto por él. Si Leo se fuera ahora mismo, dejaría una marca indeleble en la historia cinematográfica”.

El que no hayan logrado coincidir antes en algún set, dicen, tuvo siempre que ver con la forma en que ambos actores eligen los proyectos, pero nunca con rivalidad.

 “Para los dos algo esencial para trabajar es el director y el guión. Si eso funciona entonces viene lo demás y si todo se alinea para que ambos elijamos el mismo proyecto, genial. En este caso todo se dio”, explicó DiCaprio.

Mucho se ha dicho que la historia que Tarantino plasma está inspirada en la de Burt Reynolds y Hal Needham. También a Pitt y a DiCaprio se les ha comparado mucho con Robert Redford y Paul Newman. 

“Es algo que no nos molesta. Por favor ¡ellos eran los mejores! Recuerdo que mientras veía Butch Cassidy and the Sundance kid en el autocinema cuando estaba en primero de primaria, al final no podía parar de llorar pero no quería que mis padres me vieran, me daba vergüenza”, dijo Pitt.

Su enemigo. De lo que no cabe duda es que ambas estrellas están en la cima de la industria. Sin embargo, al preguntarles qué creen que podría poner sus carreras en riesgo Pitt responde: “¡el ego!” 

“Es una gran respuesta, estoy de acuerdo”, coincide Leo.

Acerca de cómo está cambiando la profesión de las estrellas con la llegada de las plataformas digitales Brad dijo: 

“Ese es otro gran tema, ver cómo nuestra industria cambia. El lado bueno es que surge una riqueza de historias interesantes y creativas. ¿Qué significa eso para la experiencia cinematográfica y comunitaria? Es lo que está en cuestión”, dice Pitt.

Opinion

Ya era hora de tener una sirena negra

Columna publicada en El Universal

El día que Disney anunció que la cantante afroamericana Halle Bailey sería La sirenita en su nuevo live action, las redes sociales se revolucionaron con comentarios en contra y a favor.

Para este momento ya han corrido ríos de tinta al respecto y es fácil entender los argumentos de los que no están de acuerdo, pues el impulso normal y a lo que estamos acostumbrados es a pensar que los personajes icónicos de las películas deben permanecer así, con las mismas características físicas. Lo difícil es ir más allá y entender lo que realmente hay detrás de estos cambios. Por un lado, está el aspecto político. Las princesas a lo largo de los siglos no sólo han servido para entretener a las niñas sino para darles un discurso social.

Cuando Disney hizo las películas de Blancanieves y Cenicienta eran los años 30 y 50 respectivamente. Décadas en las que la mujer tenía que centrarse en ser una buena ama de casa y dar calor de hogar a la familia cocinando, limpiando y manteniendo el orden. También eran jóvenes ingenuas y frágiles, algo que se asociaba con la femineidad. La bella y la Bestia de los años 90 revolucionó esa imagen y marcó otro momento clave: a la gran pantalla llegó una princesa que además de ser guapa leía mucho, quería conocer otros mundos y era autosuficiente. Ni hablar de Tiana, la princesa del año 2000 que se convierte en empresaria, no se deja seducir por un príncipe fanfarrón y está dispuesta a todo con tal de lograr sus sueños. Con esto, más allá de si la nueva sirenita debe ser blanca y pelirroja lo que debemos cuestionarnos es hacia dónde nos quiere llevar Disney ahora.

Hace unos meses, Julianne Moore defendía en Cannes las cuotas de las minorías diciendo que sin ellas, el cambio se vuelve imposible. Y quizá tenga razón porque la imposición, aunque no es ideal, puede ser la única forma en que la diversidad florezca y no sea aplastada por la cultura dominante. Mi apuesta está en la creatividad como solución: es urgente empezar a crear nuevos personajes e historias en las que la diversidad exista de forma natural sin tener que forzarla porque lo cierto es que siempre ha estado ahí.

Cuando el autor danés Hans Christian Andersen escribió en 1836 el cuento en el que se inspira la historia de esta bella criatura marina era la época del colonialismo europeo en la que los africanos estaban siendo despojados de sus tierras y a lo único que podían aferrarse era a sus historias, entre las que siempre han estado las sirenas, que para ellos son seres con quienes han convivido durante milenios y a los que se les atribuyen grandes poderes en la vida cotidiana. Ha habido sirenas negras desde el principio de los tiempos y mucho antes de que Andersen y Disney crearan a Ariel. Desde la perspectiva de la historia, lo justo es pensar que ya era hora de volver al origen y de tener una sirena negra con la que cualquier chica pueda soñar.

Opinion

El incierto futuro del cine

Columna publicada en El Universal

Hace unos días el New York Times publicó un artículo llamado “¿Cómo las películas (como las conocemos) sobrevivirán los próximos 10 años?” en el que se le preguntaba a productores, directores y actores cuál es su visión de la industria en el futuro.

La pregunta ha estado en el aire en los últimos años en los que la popularidad de las plataformas digitales ha explotado pero el debate se ha vuelto urgente pues el cambio ya no es algo imaginario, está aquí. Netflix cambió la forma que tenemos de ver las películas pero es sólo la punta del iceberg pues pronto llegarán otras formas de streaming como Disney, Apple, Warner Bros, etc.

En el artículo, el presidente de Sony Pictures, Tom Rothman, da en el clavo al decir que el meollo del asunto está en encontrar qué películas lograrán hacer que la gente salga de sus casas para ir a un teatro a verlas y pone en la mesa la nueva palabra usada por los grandes estudios: theatricality (teatricalidad).

Algo clave será la selección, pues más que nunca los productores se están preguntando qué piezas son suficientemente originales para estar en un cine y todavía no hay un patrón claro del comportamiento de las audiencias. Por ejemplo, en el caso de Crazy rich asians, de Jon M. Chu, sucedió todo lo contrario a lo esperado y la cinta fue una llamada masiva para acudir a las salas recaudando una taquilla de 26 millones de dólares el primer fin de semana, que la convirtió en la primera película realizada para el público asiático-americano que logra esta posición.

Ahí está la otra cara de la moneda porque aunque siempre estará la tentadora comodidad del sofá, del click y la inmediata satisfacción que han traído a nuestras vidas las pequeñas pantallas, hay momentos en los que la experiencia del cine se vuelve irremplazable.

En los 90 cuando aparecieron los compact disc la industria del vinilo casi desapareció. Dos décadas después, empezó a resurgir. Primero fueron los adultos nostálgicos que querían revivir su juventud con los Beatles, Led Zeppelin, y otras joyas de los años 60 y 70, pero los que le están dando un vuelco a la industria son los millennials, que se han dado cuenta de la calidad del sonido del vinilo (más cálido que el digital) y la experiencia del arte de las portadas, más interesante que hacer una descarga.

En cuanto al cine, quizá la respuesta es el futuro, cuando nos cansemos de ver escenas maravillosas diluidas en la pantalla del celular, cuando añoremos la experiencia comunal de ver junto a familiares, amigos y extraños una misma historia o cuando, simplemente, queramos volver a sentir la magia de estar inmersos, durante 120 minutos, en la sala oscura en la que los 24 cuadros por segundo te hipnotizan.

Entrevistas

Julianne Moore busca la «Gloria»

Entrevista publicada en El Universal

La actriz produce la película porque, dice, vio que era tiempo de levantar sus propios proyectos

Nueva York.— Acaba de cumplir 59 años y Julianne Moore está radiante. Es una actriz que se conoce bien y que demuestra que se siente segura en su propia piel.

Pese a las presiones de Hollywood, no ha sucumbido a las cirugías ni el bótox y ha empezado un nuevo camino: el de buscar sus propios proyectos, esos que los grandes estudios difícilmente producirán.

Este es el caso de Gloria Bell, el remake de la película Gloria del director Sebastián Lelio (Una mujer fantástica) en la que Julianne protagoniza a uno de los personajes más interesantes de su carrera: el de una mujer en sus 50 que intenta rehacer su vida amorosa y sexual.

Desde que vio por primera vez la película chilena, expresa la actriz, se emocionó tanto que no dejó de pensar en ella.

El filme aborda la historia de una mujer madura que pasa el día en la oficina y de noche disfruta de la vida en los bares y del sexo.

“Estaba eufórica cuando terminó la película. Desde ese momento supe que tenía que trabajar con Sebastián y que quería conocerlo, así que hablé con su mánager y me dijo que estaría encantado de reunirse conmigo”, comenta a EL UNIVERSAL en una entrevista exclusiva en el Hotel Langham de Nueva York.

El amor que Julianne siente por Gloria, el personaje principal del filme, tiene que ver con que es una mujer a la que todos quisieran parecerse, según explica.

“Es tan positiva, está tan comprometida con todas sus relaciones, con sus actividades y además es muy dinámica, siempre quiere intentar cosas nuevas, además de que piensa lo mejor de las personas y es optimista incluso cuando enfrenta situaciones complicadas. ¿Quién no desearía ser como ella?”, dice.

Moore explica que fue complicado el proceso porque hubo muchos malos entendidos al planear la película que llega hoy a los cines mexicanos.

“A mí me dijeron que él no quería tener nada que ver con el remake de este filme si lo hacíamos y a él le habían dicho que era yo la que no quería involucrarme en el proyecto”.

Gracias a una comida que tuvieron en París, agrega la actriz, en donde por fin se conocieron y charlaron, ella le dijo:

“Sólo haría esta película si tú la diriges y él me respondió que él sólo la dirigiría si yo estaba en ella”.

El cineasta admira a Moore y fue la única razón por la que aceptó hacer la nueva versión.

“Creo que Julianne está en su mejor momento, tanto en términos de experiencia como de vitalidad. Hay muchas dimensiones en ella”.

Para Moore, era importante hacer su propia versión del personaje, luego del elogiado trabajo que realizó Paulina García en la película original en Chile.

“Lo que Paulina logró fue perfecto ante mis ojos. Mi sentimiento era que su actuación fue tan bella que ni siquiera iba a volver a verla mientras filmábamos este proyecto porque sabía que cualquier cosa que hiciera no sería ni podría ser como lo que ella había logrado. Lo pensé como si estuviera haciendo teatro, en donde hay millones de Julietas y eso nunca es un problema”.

Una de las principales diferencias entre la cinta original y ésta es el lugar en donde se desarrollan; la primera en Santiago de Chile y esta nueva versión en Los Ángeles.

“La soledad y el aislamiento que sientes ahí (en Los Ángeles), en donde siempre estás en tu coche y nadie está realmente cerca del otro, ni siquiera de sus vecinos, era la correcta para este filme”, dice Lelio.

Entrevistas

Gael descubre otro México

Entrevista publicada en El Universal

Dirigir «Chicuarotes» le cambió la vida a García Bernal; “es una fábula juvenil”, dice de la cinta filmada en Xochimilco

Cannes.— Le llevó 12 años y una treintena de películas como actor decidir volverse a poner detrás de cámaras. Desde que lo hizo con Déficit (2007) a la actualidad no sólo pasó el tiempo, también la experiencia, las canas, las preguntas y la evolución de la mirada porque si algo ha podido hacer García Bernal es estar en los sets de directores visionarios como Walter Salles, Pablo Larraín, Michel Gondry, González Iñárritu y eso se queda en la piel.

“Afortunadamente como actor tengo el chance de estar en esta puerta giratoria de sets, de diferentes dinámicas, universos y posturas ante el trabajo y eso lo aprendes”, dice a EL UNIVERSAL en la terraza del Hotel Majestic horas después de que su película se estrenó en el Festival de Cannes.

Pero según el mismo Gael, no sólo se necesitan las ganas y la experiencia para contar una historia y dirigirla, sino también encontrar algo que te despierte la curiosidad suficiente para embarcarte en todo lo que este proceso implica.

Ese motor sólo llegó con la idea de hacer Chicuarotes, que se estrena el 27 de junio en México.

“El primer impulso vino al leer el guión de Augusto Mendoza, una historia increíble que cambió mucho a lo largo del proceso pero en la que se mantuvieron muchos de los rasgos originales como la comedia y el drama”, explica.

“Algo que también me llamó mucho la atención fue la posibilidad de internarme en un mundo muy diferente al mío, entenderlo y explorarlo. Y es que en realidad siento que es como si hubiera hecho una película en Finlandia porque hay algo que no dejó de sorprenderme y es que nunca paré de decirme a mí mismo: ‘¡carajo! Esto sucede en la misma ciudad en la que vivo y no conocemos esto’. Y lo digo así, generalizando, porque muy poca gente tiene idea de ese lugar”, reflexionó el cineasta, cuya película se sitúa en San Gregorio Atlapulco —uno de los pueblos originarios de la delegación Xochimilco— en donde la necesidad empuja a sus dos protagonistas a idear un peligroso plan para salir de su situación que tomará caminos inesperados.

A Gael, hacer esta cinta le cambió la vida en muchos sentidos, dice.

“Pero lo que me da mucha curiosidad es qué es lo que va a pasar con toda la gente que es de San Gregorio y que trabajó en Chicuarotes porque siento que a ellos la película también los movió. Muchos de los actores jóvenes, la gran mayoría de hecho, son de ahí y ahora se están preguntando si quieren dedicarse a la actuación, otros ya están empezando a plantearse hacer cine y eso es hermoso”, dice el cineasta, quien para realizar este filme hizo, junto con su equipo, una investigación con la que se adentraron a fondo en el pueblo de San Gregorio.

“Primero entendimos el lugar y luego hicimos un casting abierto al que llegaron 800 chicos y ahí empezaron a surgir los diferentes personajes y varias cosas que nos dieron el chance de entender más la película, jugar con las particularidades del lugar y con lo que queríamos contar. Ha sido un proceso gozoso y libre”, explicó.

Lo que le encanta de la película, señala, es que logra navegar por la comedia negra con mucho equilibrio y tiene muchas sutilezas.

“Es una cinta que se disfruta pero que a la vez tiene intensidad y profundidad. Aquí lo que queríamos hacer era algo desde dentro, que fuera completamente plausible pero que a la vez tuviese un tufo de realidad. Queríamos hacer una fábula juvenil, original, en este caso anfibia en la que la pérdida de la inocencia no fuera solamente de cómo el mundo te condiciona o cómo el contexto condiciona a los personajes para ser de tal o cual manera, sino también de cómo, al final del día, es una decisión de los personajes hacer lo que hacen. Y eso creo que también hay que afrontarlo”.

Para Bernal, la película puede gustar o no pero siente que lograron hacer algo muy original.

“Eso me da mucho orgullo porque siento que sólo en México podemos contar este tipo de historias de esta forma. Y creo que es interesante porque trae luz a temas importantes”, finaliza.