Cuando las estrellas mienten

Después de 10 años viviendo en Estados Unidos puedo decir que una de las cosas que más nos cuesta entender a los latinos es que los hijos se tengan que ir de casa cuando entran a la universidad. Pero algo que es igual de inquietante y nadie te cuenta es cómo, desde que los niños están en tercero de primaria, las escuelas públicas separan a los “más talentosos” para que tengan clases de mayor nivel que el resto.

Es decir, que desde que un niño tiene ocho años ya está compitiendo y así será toda su vida escolar si quiere conseguir ser parte del 6% de los jóvenes elegidos por una universidad prestigiosa que les garantizará seguir en el sistema del “sueño americano”, es decir, formar parte de la élite para a su vez, en un futuro lograr trabajos bien pagados que les permitirá replicar el modelo con su futura descendencia pudiendo pagar lo que cuestan estas colegiaturas top (un promedio de 60 mil dólares anuales) y hacer que la rueda del consumo y el “bienestar” sigan girando indefinidamente.

Entender esto explica por qué el escándalo en el que se han visto implicadas estrellas como Lori Loughlin que enfrenta una condena posible de hasta 20 años de cárcel (Full House) y Felicity Huffman (Mujeres desesperadas) ha tocado fibras tan sensibles, pues han puesto en evidencia que hasta lo más sagrado del sistema, la meritocracia, el “si te esfuerzas lo consigues”, está corrupto.

A estas alturas es bien sabido que Loughlin pagó 500 mil dólares para asegurarle dos lugares en una de las universidades más cotizadas de Estados Unidos, la USC (University of Southern California) a sus hijas gemelas o que Huffman dio una suma de 15 mil dólares para subirle el puntaje a su hija en el examen que más cuenta en las admisiones. Pero lo cierto es que ellas son sólo la punta del iceberg de una operación en la que se encuentran involucradas más de 30 familias poderosas según ha detectado el FBI y lo que estará por descubrirse.

Muchas veces le he preguntado a las estrellas si sienten que la fama también los pone en un lugar de responsabilidad porque se vuelven modelos a seguir. La mayoría entiende el compromiso que tiene estar bajo los reflectores.

Muchos de ellos, incluso, se vuelven activistas. Pero algunos se excusan diciendo que su función se limita a entretenernos. Lo cierto es que el impacto que tiene lo que hacen los famosos es muy grande y este caso lo demuestra.

Lo que ellas hagan o dejen de hacer genera eco en la sociedad porque las celebridades ejemplifican mejor que nadie el sueño de que la fama y la fortuna se pueden conseguir trabajando duro y con talento.

Si los jóvenes que se han pasado una infancia y adolescencia construyendo su currículum para competir en el sistema dejan de creer, el capitalismo y los pilares en los que está cimentada esta sociedad revientan. Y eso no se puede permitir, menos si eres una estrella.

Columna publicada en El Universal

Para Hollywood, las actrices envejecen cada vez más pronto

Hace unos años me enojé mucho al ver que Nicole Kidman se había vuelto adicta al bótox. “¿Cómo es posible que se haya hecho eso con lo guapa que es?”, pensaba mientras la entrevistaba por la película The paperboy. Me parecía innecesario que se esforzara por ocultar lo evidente: estaba envejeciendo.

“Hay que hacerlo con gracia”, “las arrugas son las marcas de nuestra vida”, son frases que solemos repetir. Lo cierto es que desde ese momento han pasado ocho años y yo también he empezado a envejecer y a entender por qué a las actrices este proceso les cuesta más que a nadie.

Hay un estudio que realizó la revista TIME analizando la trayectoria de más de 6 mil actores en el que se demuestra cómo las mujeres al principio de sus carreras reciben más ofertas para interpretar papeles que los hombres, pero cuando ellas cumplen 30 años ¡pum! la cifra empieza a descender de forma vertiginosa hasta tener que arañar cada personaje. Por el contrario, la carrera de los hombres llega a su cumbre a los 46 años y se mantiene así muchos más. Con el tiempo esto ha empeorado: cada vez más, ellas dejan de trabajar antes de los 30 y a ellos les va mejor después.

Maggie Gyllenhaal ha contado cómo a los 37 años le negaron un papel porque era demasiado mayor para interpretar a la pareja de un hombre de 55.

Meryl Streep, próxima a cumplir 70 años, ha confirmado esta teoría al asegurar que las mujeres que tienen 60 años están viendo decrecer las oportunidades antes de lo que lo hacían sus colegas de más edad.

En un artículo de Vogue en 2011, Streep contó cómo fue cumplir 40 años: “Miré a mi marido y le dije: ‘¿bueno, qué deberíamos hacer ahora? Porque esto se acabó’”.

Ese año Meryl donó dinero a un laboratorio de guionistas para proyectos con mujeres maduras. Julianne Moore, a sus 59 años, ha empezado a hacer lo mismo.

No todas las actrices tienen la oportunidad de desarrollar sus propios proyectos y para muchas la pregunta de la edad sigue siendo un tabú y la respuesta un cliché, pues cada vez que le menciono el tema de los años a alguna estrella de Hollywood ésta suele tener la sonrisa lista para decir que ama las marcas que le ha dado el tiempo.

La que más me conmovió es Jane Fonda quién al hacer su documental Jane Fonda in five acts declaró que se arrepiente por haberse hecho esclava del bisturí: “Odio el hecho de haber tenido la necesidad de alterarme físicamente”.

Y yo sólo puedo pensar en lo mucho que la entiendo. A ella, a Nicole Kidman y a todas las mujeres que necesitan detener el tiempo para no volverse invisibles.

Columna publicada en El Universal

¿Por qué Iñárritu ha tenido tanto éxito?

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a una charla acerca de cómo fomentar la creatividad en una escuela secundaria al norte de Nueva York que impartió el doctor Jonathan Plucker de la Universidad Johns Hopkins.

Algo que me quedó rondando en la cabeza fue la afirmación de cómo “las personas más exitosas no son las que tienen las mejores ideas sino las que creen que sus ideas son las más creativas”.

La lista de ejemplos fue larga pero obviamente no pudo faltar Steve Jobs ni cineastas como Steven Spielberg.

Siempre digo que lo mejor de cubrir los festivales de cine durante tantos años es poder ser testigo de estos procesos de éxito y ver cómo poco a poco nacen las estrellas.

Alejandro González Iñárritu es un perfecto ejemplo de lo que dice el doctor Plucker de la importancia de creer en tus ideas como las mejores.

Hace un par de años, cuando a Iñárritu se le ocurrió el proyecto de hacer un cortometraje en el formato de realidad virtual, muchos cuestionaban que esa tecnología fuera una buena idea para el cine, ¡menos para llevarla a Cannes!

Pero él estaba convencido de que no había mejor forma de implicarnos en un tema como el de la inmigración que haciéndonos vivir al extremo la experiencia de estar cruzando la frontera entre México y Estados Unidos sin documentos.

¿El resultado? Una de las propuestas más visionarias que ha tenido el cine en los últimos años. Pero él siempre ha sido así, pues desde que llegó al Festival de Cannes por primera vez en el año 2000 con Amores perros bajo el brazo para presentarse en la Semana de la Crítica del Festival y nadie lo conocía, Alejandro sabía que tenía un buen proyecto pero sobre todo, creía en él.

En ese entonces se alojaba en un pequeño hotel de tres estrellas y estaba presente en todos los eventos, películas, cocteles y cafés dispuesto a hablar del filme cuantas veces fuera necesario.

Incluso hay colegas que aseguran que insistía en pedirles que entrevistaran a Gael García “porque es un actor muy talentoso y ya verán que va a triunfar y se va a convertir en una estrella”, les decía.

Otra de las cosas que el doctor Plucker recalcó es que lo más interesante de las personas con éxito es su trayecto hacia él.

Concuerdo, pues en los más de 20 años que tengo haciendo entrevistas, cuando le he preguntado a quienes han conseguido llegar a los cuernos de la luna de su profesión qué es lo que más disfrutan al triunfar, la respuesta siempre es la misma: el proceso.

El propio Iñárritu fue uno de ellos. Este año, su nombramiento como presidente del Jurado en el Festival de Cannes que se realizará el próximo mayo lo puso en el mapa de la historia como el primer mexicano en tener ese honor y, aunque imagino lo mucho que lo disfrutará, también estoy segura de que en algún momento de su paso por las alfombras rojas del festival o mientras se prepare para salir de su hotel de lujo rumbo a los múltiples eventos a los que será invitado no podrá evitar recordar cómo llegó hasta ahí y sentirá un poco de nostalgia.

Columna publicada en El Universal