Festivales

Elton John alborota Cannes

El músico llegó de sorpresa a la gala de su película biográfica «Rocketman», cuyo trabajo de su protagonista, Taron Egerton, le recordó a sí mismo

Cannes.— Lo mejor en Cannes es cuando las sorpresas (a veces esperadas) se cumplen y eso ocurrió la noche del estreno de Rocketman, la cinta inspirada en la vida de Elton John, dirigida por Dexter Fletcher y escrita por Lee Hall.

La asistencia de la estrella al Festival no había sido confirmada, de hecho era un misterio, así que su aparición en el Photocall oficial de la cinta fue una fiesta.

Prácticamente ya parecía haber terminado cuando se le pidió a los actores que esperaran unos minutos más. De pronto, vestido con un traje aqua a juego con unos divertidos lentes de sol, la estrella apareció en el último momento . Todos los fotógrafos emocionados empezaron a corear su nombre, “Elton, Elton, Elton”, mientras que el icono de la música no paraba de sonreír.

Emocionado, el director que supo ganarse su confianza para narrar su historia, autorizada de principio a fin, le dio un fuerte abrazo.

Rocketman es una película musical que humaniza a la estrella inglesa y muestra sus comienzos y transformación como Reginal Dwight, un tímido prodigio del piano, hasta llegar a ser una superestrella conocida internacionalmente como Elton John.

La historia está ambientada en las canciones más queridas de Elton y también presenta a Jamie Bell como Bernie Taupin, el letrista y compositor asociado de Elton, a Richard Madden como John Reid, el entonces representante de la estrella, y a Bryce Dallas Howard como la madre de Elton, Sheila Farebrother.

Estreno musical. La llegada del músico no podría haber sido en mejor momento; sólo horas antes la radio 2 de la BBC había estrenado con gran revuelo “(I’m gonna) love me again”, canción inédita escrita por Elton y Bernie Taupin e interpretada por él mismo y Taron Egerton para los créditos finales de la película, cuyo álbum Rocketman: music from the motion picture se estrenará en México el 24 de mayo, una semana antes del estreno de la cinta, el día 31.

Taron Egerton, quien da vida al cantautor inglés en el filme, explica que no sólo llega a parecerse físicamente gracias a la caracterización sino que al rodar la cinta fue encontrando similitudes entre ambos.

“Digo, yo no soy un genio, pero algo de su neurosis e inseguridades, no sé, reconozco algunas cosas, hay algo de mí ahí, de mis emociones”.

El filme, agrega, toca el tema de las adicciones del famoso músico.

“Esta cinta no condena el uso de drogas pero expone su relación corrosiva que tal vez le costó todo, y esa fue una parte importante de la historia para mí. El balance está en hacer que sea alegre y que lo festeje y que sea divertido de ver y eso es en lo que tuvimos que concentrarnos. Espero que, al verla terminada, la gente vea que ese era”.

Taron comparte créditos con el actor Jamie Bell, quien interpreta al letrista Bernie Taupin, mano derecha de Elton y con quien trabajó en conjunto desde el inicio de su carrera.

“Fue extremadamente difícil encapsular el legado de alguien a quien apenas conoces pero que todos los demás admiran”, explica Bell.

Taron relata que la relación entre ambas celebridades era tan fuerte que en una de las charlas que sostuvo con Elton John éste le dijo que era el hermano que nunca había tenido.

“También creo que de cierta forma ellos estaban enamorados un poco. Como socios creativos, él lo completaba a él”, considera Egerton.

Entre las anécdotas de la película está el hecho de que Elton no pasó tiempo en el set pero durante el rodaje le estuvieron enviando fotos y videos porque quería ver si Egerton le recordaba a sí mismo cuando estuviera caracterizado y, conforme pasaba el tiempo, el propio John se iba sorprendiendo de lo grande que era el parecido con él y con sus recuerdos.

Por la noche y para el estreno de la película en el Gran Teatro Lumiére, Elton John desfiló por la alfombra roja como dicta el protocolo: al lado de todo el equipo del filme y con un esmoquin negro aunque sin corbata. Llamaron la atención las letras bordadas en dorado de su traje, diciendo “Rocket Man” en su espalda y un cohete con las iniciales EJ, que llevaba en su solapa izquierda. Los lentes en forma de corazón terminaron de darle el toque característico al icono de la música que llegó a Cannes para volverse a dejar querer.

Opinion

El Festival de Cine Internacional de Cannes: el negocio…

Cada año, con el Festival de Cannes en puerta me pregunto, ¿por qué quiero volver? Es una experiencia agotadora en la que cada día la rueda de las películas, conferencias de prensa y entrevistas empieza al amanecer y no para hasta la madrugada. Duermes poco, comes mal y entras en un permanente estado de estrés. Pero ahí estás y curiosamente, te sientes privilegiado.

Algo tienen estos eventos que se vuelven adictivos. Lo primero que hay que saber es que los festivales de cine se clasifican según su prestigio siendo los de Clase A, los más importantes. Actualmente hay 15 en el mundo pero los más destacados son Berlín, Cannes y Venecia y es adonde los directores de cine sueñan con llevar sus películas.

Para ser un festival de clase A se debe tener una competencia y cumplir con los estándares de la FIAPF (Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Filmes) que demanda un alto nivel de organización, calidad en la selección de las películas y jurados, infraestructuras, etcétera.

No cualquiera puede estar ahí: ni el que presenta sus creaciones, ni quienes hablamos de ellas. Todos somos parte de la llamada gamification en marketing, tu paso por los festivales hace que entres en un juego de recompensas, niveles, progresos.

La primera vez que vas no logras entrar a nada, pero van pasando los años y ven tu desempeño y fidelidad, suben tus bonos, vas abriendo puertas desconocidas, logrando accesos exclusivos y eso es irresistible.

Pero nadie se salva: lo mismo le ocurre a los directores de cine que van escalando de secciones hasta llegar a la Sección Oficial, a los actores que empiezan a ser invitados a ser jurados, etcétera.

Por supuesto, esto es un gran negocio: el festival cuesta 25 millones de dólares aproximadamente. De este presupuesto, casi 400 mil dólares se destinan a las Palmas de Oro, el máximo galardón del festival confeccionado con 118 gramos de oro de 18 quilates sobre piezas de cristal de roca (éstos requieren 40 horas de trabajo de siete orfebres y cada Palma está valorada en 20 mil dólares).

Cannes tiene una población de 70 mil habitantes pero el festival eleva el flujo de gente a 200 mil personas. Para entrar a las galas hay que ir con esmoquin y durante esos días una treintena de comercios los venden sin descanso con precios que oscilan entre los 500 y los 3 mil dólares.

Los hoteles y departamentos de alquiler triplican sus precios y llegan a la ocupación máxima. Las celebrities pagan más de 40 dólares por noche en el Penthouse del Hotel Majestic y los restaurantes, yates, casas de champaña y moda no paran de llenar sus arcas hasta que acaba la euforia.

Es el negocio del prestigio. Pero para que esto exista hay una pieza fundamental: las películas. Cada año, cuando sales de ver la nueva creación de ese director que te voló la cabeza, te sientes la persona más afortunada porque has sido testigo de algo grandioso, que sólo logra el cine. Entonces vuelves.

Festivales

Jarmusch prefiere a los vampiros

El director estadounidense bromeó en Cannes con ser un chupasangre; no disimula su rechazo a Donald Trump

Cannes.— Jim Jarmusch tiene una libreta verde en la que apunta respuestas y datos que pueden ser interesantes cuando da una entrevista.

En una página se pueden ver frases en tres colores de tinta diferentes: negro, azul y verde, dependiendo del propósito de lo que haya escrito. Si se trata de ideas para futuros guiones, usa una libreta azul que guarda en la bolsa interior de su saco negro.

Sentado en la terraza del Hotel Residéal en Cannes, Jarmusch cuenta que aún escribe sus guiones a mano como siempre lo ha hecho, que no tiene redes sociales y que casi no usa el e-mail pero que cuando lo hace, lo que más usa son los emoticones.

Es simpático, bromea constantemente y repite cómo encontró la paz interior haciendo Tai-Chi y siendo semibudista, “porque no tengo la disciplina para serlo de lleno”.

Cuenta que un tiempo sufrió una depresión y volver a encontrar el contacto con el presente lo volvió a la vida.

Sus amigos, Adam Driver, Steve Buscemi, Tilda Swinton lo quieren, pues según asegura: “cobraron poquísimo por hacer esta película. Decíamos de broma que les pagábamos con avena. Pero eso es algo que me conmovió profundamente porque todos los que fueron parte del proyecto fue porque realmente querían ser parte de él, somos una tribu”.

Su amor por Swinton es evidente, pues nada más sentarnos lo primero que dice al preguntarle por la estrella es: “Oh Dios, Tilda debería ser la líder de este planeta y yo haría cualquier cosa que ella dijera. Todos seríamos muy felices, empáticos con los demás y tendríamos un mundo mejor. Necesitamos a Tilda Swinton para mejorar la Tierra”, expresa entre risas.

Su nueva película, Los muertos no mueren es una comedia de terror en donde hay zombis muy peculiares inspirados por los de George Romero, el único director de este género al que Jarmusch admira.

Para Jim, los zombis son aburridos y sólo hacen lo que se les pide.

“Lo único bueno que tienen es que no piensan entonces, por ejemplo, les dices, ve y acaba con Donald Trump y van y lo hacen”, dice entre risas.

“Sin embargo, los de Romero son zombis que vienen de la sociedad y que son víctimas y problema a la vez. Son más complejos. Eso es lo que intenté hacer en la película. Pero a mí lo que me gusta son los vampiros porque son más sofisticados, cultos, sexualmente atractivos y tienen que ser muy inteligentes para hacer todo lo que se requiere para sobrevivir. Pregúntamelo a mí que soy uno de ellos”, apunta entre risas mientras hace el amago de dar una mordida.

Hablando de Selena Gomez comenta que para él los jóvenes son fundamentales.

“Me importan los adolescentes como guías culturales porque en muchos sentidos nos dan guías”.

Nota publicada en El Universal

Festivales

Me hubiera gustado besar a Banderas: Almodóvar

Está bien ver que dos hombres de 50 años se besan en cine», dice el director al hablar de Dolor y Gloria, película que presentó en Cannes

Cannes.— Pedro Almodóvar, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Asier Etxeandía y Leonardo Sbaraglia aún estaban emocionados por la ovación de casi 10 minutos que el público les había dado la noche anterior en los créditos finales de Dolor y Gloria cuando llegaron a la rueda de prensa oficial de Cannes. 

“Está lloviendo pero no he conocido una lluvia tan feliz como la de esta mañana. No voy a poder olvidar la noche de anoche, como dice el bolero. La experiencia ha sido inenarrable y estamos muy contentos”, dijo el director que con este filme compite por sexta ocasión por la Palma de Oro. 

Mucho se ha hablado de que la cinta es autobiográfica a lo que Almodóvar apuntó: 

“No hay que tomar la película de un modo literal. Es decir, que también hay una gran parte de ficción aunque muchas de las cosas que ocurren podrían haberme sucedido. Cuando empecé a escribir lo hice recordando capítulos de mi vida pero luego debes darle cabida a la imaginación”, explicó el cineasta que admitió no haber tenido una infancia fácil. 

“Mi madre nunca me dijo como en la película que no había sido un buen hijo pero esa escena es importante porque habla de la extrañeza con la que mi madre me miraba cuando era pequeño y no era precisamente con orgullo. Yo creo que me mueve tanto porque lo que represento es la extrañeza que yo descubría en la mirada de los demás sobre todo entre los compañeros del colegio. Y para un niño esa mirada que tiene mucho de repulsa, de crítica y de humillación es una experiencia muy dura, tan dura como que tu madre te mire como un ser extraño. Pero afortunadamente era un niño muy fuerte”.

Para Antonio Banderas, quien los últimos 20 años de su carrera los centró en Hollywood, su gran punto de unión con el cine español ha sido siempre Almodóvar. Al actor malagueño se le entrecortó la voz al hablar de lo que significó tener la oportunidad de volver a trabajar con él. 

“Cuando terminé el rodaje de La piel que habito una pregunta que rondaba mucho en mi mente era la de si iba a poder tener la oportunidad de hacer una película con Pedro Almodóvar otra vez y llegar desnudo y tirarme de verdad al barro y poder crear con él. Cuando me llamó para Dolor y Gloria fue una emoción enorme. No me podía creer que iba a interpretarlo. Yo he hecho 113 películas y todo lo que se ha venido estos días de palmas y de premios, no me importan. 

“Los meses de verano pasado cuando rodamos esta película han sido probablemente los más felices como actor en mi vida, y eso, ¡no me lo puede quitar nadie!”, finalizó el histrión con un nudo en la garganta. 

Una de las escenas favoritas del director en la película es la del beso entre Banderas y Sbaraglia, de la cual contó: “Yo querría haber besado tanto a uno como a otro y con la misma intensidad. No me he atrevido a pedírselos ni como director ni como hombre pero ya se lo comentaba anoche a Leo que está bien ver que dos hombres de 50 años se besan apasionadamente y se excitan porque el cine no da muchas imágenes como esa, sobre todo de esa edad.» 

“Yo sí tuve la experiencia de un amor truncado en un momento en que la pasión estaba viva y es dolorosísimo porque cuando algo está vivo es antinatural tener que cortarlo. Además, es una experiencia que mucha gente habrá tenido y con la cual se puede identificar. En mi caso no he tenido la oportunidad de esa reconciliación por eso me hubiera encantado estar en medio de los dos y poder besar apasionadamente a Leo Sbaraglia y Antonio Banderas pero nunca me he atrevido y mucho menos en los tiempos que corren”, confesó. 

El realizador es bien conocido por su activismo en contra de la extrema derecha española representada por el partido político Vox que en los últimos meses se ha estado pronunciado en contra del matrimonio gay y los derechos de la comunidad LGTB.

Opinion

El Festival de Cine Internacional de Cannes: el negocio…

Cada año, con el Festival de Cannes en puerta me pregunto, ¿por qué quiero volver? Es una experiencia agotadora en la que cada día la rueda de las películas, conferencias de prensa y entrevistas empieza al amanecer y no para hasta la madrugada. Duermes poco, comes mal y entras en un permanente estado de estrés. Pero ahí estás y curiosamente, te sientes privilegiado.

Algo tienen estos eventos que se vuelven adictivos. Lo primero que hay que saber es que los festivales de cine se clasifican según su prestigio siendo los de Clase A, los más importantes. Actualmente hay 15 en el mundo pero los más destacados son Berlín, Cannes y Venecia y es adonde los directores de cine sueñan con llevar sus películas.

Para ser un festival de clase A se debe tener una competencia y cumplir con los estándares de la FIAPF (Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Filmes) que demanda un alto nivel de organización, calidad en la selección de las películas y jurados, infraestructuras, etcétera.

No cualquiera puede estar ahí: ni el que presenta sus creaciones, ni quienes hablamos de ellas. Todos somos parte de la llamada gamification en marketing, tu paso por los festivales hace que entres en un juego de recompensas, niveles, progresos.

La primera vez que vas no logras entrar a nada, pero van pasando los años y ven tu desempeño y fidelidad, suben tus bonos, vas abriendo puertas desconocidas, logrando accesos exclusivos y eso es irresistible.

Pero nadie se salva: lo mismo le ocurre a los directores de cine que van escalando de secciones hasta llegar a la Sección Oficial, a los actores que empiezan a ser invitados a ser jurados, etcétera.

Por supuesto, esto es un gran negocio: el festival cuesta 25 millones de dólares aproximadamente. De este presupuesto, casi 400 mil dólares se destinan a las Palmas de Oro, el máximo galardón del festival confeccionado con 118 gramos de oro de 18 quilates sobre piezas de cristal de roca (éstos requieren 40 horas de trabajo de siete orfebres y cada Palma está valorada en 20 mil dólares).

Cannes tiene una población de 70 mil habitantes pero el festival eleva el flujo de gente a 200 mil personas. Para entrar a las galas hay que ir con esmoquin y durante esos días una treintena de comercios los venden sin descanso con precios que oscilan entre los 500 y los 3 mil dólares.

Los hoteles y departamentos de alquiler triplican sus precios y llegan a la ocupación máxima. Las celebrities pagan más de 40 dólares por noche en el Penthouse del Hotel Majestic y los restaurantes, yates, casas de champaña y moda no paran de llenar sus arcas hasta que acaba la euforia.

Es el negocio del prestigio. Pero para que esto exista hay una pieza fundamental: las películas. Cada año, cuando sales de ver la nueva creación de ese director que te voló la cabeza, te sientes la persona más afortunada porque has sido testigo de algo grandioso, que sólo logra el cine. Entonces vuelves.

Columna publicada en El Universal