Entrevistas

Alexis Gambis levanta el vuelo hacia Sundance

Entrevista publicada en El Universal

El director presentará «Hijo de monarcas», protagonizada por Tenoch Huerta, y que concursará en la categoría Next, dedicada a películas innovadoras visualmente.

Nueva York.— En una entrevista virtual entre Madrid y Nueva York, el director y guionista franco-venezolano, Alexis Gambis habló con EL UNIVERSAL de la cinta mexicana «Hijo de monarcas» que concursará en el Festival de Sundance que se celebrará de forma híbrida del 28 de enero al 3 de febrero.

Protagonizada por Tenoch Huerta, William Mapother y Paulina Gaitán, la película se centra en un biólogo mexicano que tras la muerte de su abuela vuelve a su tierra natal, en los bosques de mariposas monarcas de Michoacán para reencontrarse con su pasado y entender su identidad, la del inmigrante que al irse tiene que reinventarse, provocando una metamorfosis personal y espiritual.

“Mis películas siempre tienen una perspectiva animal, porque me gusta la metáfora del animal para hablar de la condición humana”, explicó el biólogo.

A través del microscopio se dio cuenta de que lo que más le gustaba de la biología era su parte visual y en el cine encontró la mezcla perfecta porque para él la expresión en la ciencia y en las artes se parecen mucho.

Su interés por las mariposas monarca como discurso narrativo surgió porque, explicó “la mariposa es un símbolo para los emigrantes porque es un ser vivo que parte de Canadá y atraviesa Estados Unidos hasta llegar a México para finalmente volver a su lugar de partida.

“En las discusiones de la frontera y de los inmigrantes sin papeles se ve mucho a la mariposa monarca como un símbolo, está en los carteles y consignas que dicen: ‘todos somos monarcas’. Con esto se refieren a cómo todos tenemos el derecho de cruzar fronteras como las monarca y de cómo no necesitamos muros. En Michoacán la maripósa representa el alma de los muertos”, contó.

Para realizar esta cinta Alexis se fue dos años a Michoacán para hacer trabajo de investigación, documentales y cortometrajes que lo ayudaron a entender la relación y la dinámica entre la mariposa y el pueblo, el turismo, los problemas del cambio climático, la deforestación y la crisis económica en la región tras el cierre de las minas.

Para Gambis, este es un filme autobiográfico.

“Yo me fui a Nueva York a hacer un doctorado en biología y el laboratorio era mi refugio. También tenía una crisis de identidad al vivir en Nueva York, con padres franco-venezolanos, sin sentirme ciento por ciento científico porque también quería hacer cine. Además se murió mi abuela y eso lo traduje a un contexto mexicano”.

Alexis logró filmar justo antes de la pandemia.

“Nos entró una urgencia por terminarla porque es una película que habla de la importancia de la ciencia, de nuestros abuelos y su sabiduría, me encanta que se presente en Sundance.

El científico además creó y dirige el Festival de Cine Imagine Science Film Festival y una plataforma llamada Labocine que celebra esa intersección entre la ciencia y las películas.

“Como cineasta me interesa ver lo que hacen otros artistas. Siento que una vez que se termine la pandemia la gente querrá ir a los cines a ver más cine independiente”, concluyó.

Actualmente Alexis trabaja en Madrid sobre una historia basada en el padre de la neurociencia, Santiago Ramón y Cajal.

Opinion

Lo que buscamos este 2020

Me parece revelador el estudio que Google lanza cada diciembre acerca de lo que fue más buscado en su plataforma.

Columna publicada en El Universal

Llegó el momento de hacer listas de todo. En el mundo del entretenimiento es tradición poner en un ranking las mejores películas, obras, canciones, conciertos (aunque este año la mayoría hayan sido virtuales), celebridades, etcétera.

En este fin de ciclo todo suena vacío con la frustración de haberse realizado a medias.

Vivimos muchos años en uno y sólo unos meses a la vez.

Más reveladoras que las listas me parece el estudio que Google lanza cada diciembre acerca de lo que fue más buscado en su plataforma. Puedo estar horas mirando los resultados.

Hay cosas que no sorprenden, como el que “coronavirus” haya sido la palabra más consultada de este 2020. O que Joe Biden fuera la figura con más clics. Tampoco es casual que las palabras “election results” fueran tecleadas sin descanso cuando la mirada del mundo estaba puesta en si iniciaríamos otra década con Trump.

Tampoco faltó Parasite como la cinta número uno.

La proeza de conseguir el Premio a Película y Película extranjera de forma simultánea marcando un hito en la historia fue sólo el inicio de un año en el que todo lo impensable estaba por pasar.

No es extraño que Tom Hanks fuera la celebridad más buscada porque se convirtió en la primera estrella en anunciar que él y su mujer tenían covid-19.

También fue la primera en aparecer desde su casa, sonriente y recuperado en la primera emisión del mítico programa Saturday night live show que desde el confinamiento siguió transmitiendo con ingenio.

Pero el show más visto no fue en un estadio sino desde las computadoras. Organizado por Lady Gaga, Together at Home reunió a cientos de personalidades que ayudaron a recaudar más de 127 millones de dólares que se donaron a la lucha contra el covid.

Pudimos ver a estrellas como la propia Gaga pero también a John Legend, Taylor Swift, Paul McCartney por mencionar a algunos, de la larga lista de colaboradores.

Las personas no sólo se refugiaron en el ocio para sobrevivir al tedio de la pandemia sino que también se pusieron a estudiar, lo más solicitado fue “cómo aprender a codificar”.

“Cómo ser un aliado” fue mucho más importante que “cómo ser un influencer”. Y la frase “cómo ser un maestro” fue más necesaria que nunca.

El emoji de los abrazos se cambió por el que tiene una mascarilla, la meditación desbancó a las clases de pilates mundialmente.

Pero yo me quedo con que “cómo ayudar” rompió récords este año. Demasiados meses en los que las pérdidas se hicieron constantes y cotidianas pero en los que también surgieron nuevos héroes, como la comunidad sanitaria que sigue luchando sin descanso, los abuelos que con su resistencia y paciencia nos han dado lecciones de vida a los que en teoría somos más fuertes, los niños que con su resilencia y vitalidad han hecho posible que los adultos podamos seguir echándole leña a la máquina de la productividad.

Pese a que ha sido un 2020 muy complicado también tenemos mucho que agradecer y por ello, “cómo dar gracias” fue otra búsqueda récord.

Opinion

Cuando nuestros ídolos de la infancia se convierten en…

Columna publicada en El Universal

Una de las cosas difíciles al crecer es que con los años también se van encadenando las decepciones. No todos los finales de los cuentos son felices y muchas de las historias que nos contaron son falsas, como la de esos niños que admirabas y creías que lo tenían todo: trajes de colores, amigos, fama y sobre todo, el amor y la aceptación del mundo, llámese Parchís, Luis Miguel, Drew Barrymore, Macaulay Culkin, Lindsay Lohan o Miley Cirus.

Conocer la historia de cada una de esas estrellas de las que eras fan y luego compadeces es una bofetada a las ilusiones con las que crecimos.

Niños explotados, víctimas de la ambición de los adultos que se aprovechan de esos años de inocencia en los que los pequeños cantan, bailan, actúan y hacen lo que sea con tal de sentirse queridos y arropados por esa fantasía que cuando revienta trae consecuencias irreversibles.

Pero lo que más me asombra de estas historias no es que en la mayoría de ellas exista un mánager truculento o una casa discográfica que se queda con las ganancias de forma inequitativa o los productores que empujan a la criatura al vacío con tal de lograr el estreno del momento.

Lo más grave son esos padres que arrojan a los hijos a los reflectores, que prefieren cerrar los ojos con tal de recibir ese cheque, ir a ese viaje, vestirse con esas etiquetas, vivir en esa majestuosa casa y poseer esos lujos que nunca soñaron lograr con sus propios méritos.

Lo peor es que la historia se repite una y otra vez, pese a los candados legales que se han puesto para detener estos abusos.

La primera vez que el caso de explotación de una estrella infantil se hizo eco a nivel internacional fue en 1921 con Jackie Coogan, el pequeño histrión que se catapultó a la fama al interpretar junto a Charles Chaplin la cinta El niño.

Coogan se convirtió en el infante mejor pagado de su época pero, al morir su padre, su madre se casó con su mánager y, cuando quiso acceder al dinero que había ganado, ambos se negaron a dárselo (además de que se lo habían gastado casi todo).

Jackie los demandó pero no existía ninguna ley en California que permitiera a las personas acceder al dinero que habían generado cuando eran menores de edad.

Tras la furia que esto generó en la opinión pública se creó la famosa Ley Coogan que protege a los niños artistas de Estados Unidos.

Desde 1921 a la fecha también han pasado por los tribunales demandando a sus padres Gary Coleman (Blanco y negro), Mischa Barton (The O.C.), Leighton Meester (Gossip girl), Billy Unger (Lab rats), Jena Malone (Los juegos del hambre), Chris Warren (High school musical), por mencionar sólo algunos nombres de la interminable lista.

Ahora, cuando me siento a ver una película infantil con mis hijas o me cuentan con emoción lo que hace la joven youtuber del momento, puedo percibir cómo ellas desearían ser esas niñitas adorables que parecen tener el mundo a sus pies y siento envidia al darme cuenta de lo alentador que era cuando yo también creía que esa fantasía existía.

Entrevistas

Brad y Leo. No fotos y no ventanas

Entrevista publicada en El Universal

Para llegar a Pitt y DiCaprio hay que tapar ventanas y poner cinta adhesiva al lente del celular. “Este trabajo es solitario”, dicen en entrevista con EL UNIVERSAL

Cannes.— El silencio antes del encuentro con Brad Pitt y Leonardo DiCaprio en el Hotel Carlton de Cannes es notorio. Para poder acceder a ellos todas las cámaras de los celulares son tapadas con cinta adhesiva. 

Las órdenes de los publicistas acerca de no hacer preguntas personales y de enfocar toda la entrevista a la nueva cinta de Tarantino, Once upon a time in Hollywood son claras. Tras una hora de espera ambos actores entran a la suite del glamoroso hotel, donde las ventanas y cristales de las puertas también habían sido protegidas con papel mate en contra de los paparazzi. Hay tensión. Sin embargo, cuando ambas estrellas llegan y empiezan a charlar, la parafernalia que los rodea desaparece. 

Brad está relajado, con una camiseta de algodón casual y la gorra que le encanta llevar siempre. Leonardo, un poco más formal con su chamarra de gamuza y camiseta negra.

Ambos se ven cómodos de estar el uno con el otro y confirmaron que el bromance (como se suele decir a las grandes amistades entre hombres) del que el mundo está hablando es real.

Y es que según contaron, cuando te conviertes en una gran estrella te apartas de todo y es precisamente en el trabajo en donde logras crear tus vínculos más importantes. 

“Amo la forma en la que Quentin retrata a nuestros dos personajes porque este es un negocio muy solitario. Así es que la gente con la que trabajas se convierte en tu familia. Cuando llegas a esta industria esperando lo mejor estás esencialmente aislado y tienes que confiar en otros para levantarte el ánimo. Y eso es lo que muestra Tarantino en este filme, lo cual me encanta. Hizo un trabajo hermoso”, explicó Leonardo, quien en esta cinta se puso en la piel de Rick Dalton, una estrella de películas western decadente y obsesionado con no perder su fama y prestigio en Hollywood. 

Pitt por su parte, interpreta al doble de DiCaprio y fiel amigo y conductor, Cliff Booth. Y si algo dejó claro Leo es que después de trabajar juntos en esta cinta a Brad lo considera un verdadero amigo. Pitt, en su estilo, bromeó: “Yo todavía estoy en el proceso de evaluarlo pero luce bien, tiene buenas perspectivas. Siento un gran respeto por él. Si Leo se fuera ahora mismo, dejaría una marca indeleble en la historia cinematográfica”.

El que no hayan logrado coincidir antes en algún set, dicen, tuvo siempre que ver con la forma en que ambos actores eligen los proyectos, pero nunca con rivalidad.

 “Para los dos algo esencial para trabajar es el director y el guión. Si eso funciona entonces viene lo demás y si todo se alinea para que ambos elijamos el mismo proyecto, genial. En este caso todo se dio”, explicó DiCaprio.

Mucho se ha dicho que la historia que Tarantino plasma está inspirada en la de Burt Reynolds y Hal Needham. También a Pitt y a DiCaprio se les ha comparado mucho con Robert Redford y Paul Newman. 

“Es algo que no nos molesta. Por favor ¡ellos eran los mejores! Recuerdo que mientras veía Butch Cassidy and the Sundance kid en el autocinema cuando estaba en primero de primaria, al final no podía parar de llorar pero no quería que mis padres me vieran, me daba vergüenza”, dijo Pitt.

Su enemigo. De lo que no cabe duda es que ambas estrellas están en la cima de la industria. Sin embargo, al preguntarles qué creen que podría poner sus carreras en riesgo Pitt responde: “¡el ego!” 

“Es una gran respuesta, estoy de acuerdo”, coincide Leo.

Acerca de cómo está cambiando la profesión de las estrellas con la llegada de las plataformas digitales Brad dijo: 

“Ese es otro gran tema, ver cómo nuestra industria cambia. El lado bueno es que surge una riqueza de historias interesantes y creativas. ¿Qué significa eso para la experiencia cinematográfica y comunitaria? Es lo que está en cuestión”, dice Pitt.

Opinion

Ya era hora de tener una sirena negra

Columna publicada en El Universal

El día que Disney anunció que la cantante afroamericana Halle Bailey sería La sirenita en su nuevo live action, las redes sociales se revolucionaron con comentarios en contra y a favor.

Para este momento ya han corrido ríos de tinta al respecto y es fácil entender los argumentos de los que no están de acuerdo, pues el impulso normal y a lo que estamos acostumbrados es a pensar que los personajes icónicos de las películas deben permanecer así, con las mismas características físicas. Lo difícil es ir más allá y entender lo que realmente hay detrás de estos cambios. Por un lado, está el aspecto político. Las princesas a lo largo de los siglos no sólo han servido para entretener a las niñas sino para darles un discurso social.

Cuando Disney hizo las películas de Blancanieves y Cenicienta eran los años 30 y 50 respectivamente. Décadas en las que la mujer tenía que centrarse en ser una buena ama de casa y dar calor de hogar a la familia cocinando, limpiando y manteniendo el orden. También eran jóvenes ingenuas y frágiles, algo que se asociaba con la femineidad. La bella y la Bestia de los años 90 revolucionó esa imagen y marcó otro momento clave: a la gran pantalla llegó una princesa que además de ser guapa leía mucho, quería conocer otros mundos y era autosuficiente. Ni hablar de Tiana, la princesa del año 2000 que se convierte en empresaria, no se deja seducir por un príncipe fanfarrón y está dispuesta a todo con tal de lograr sus sueños. Con esto, más allá de si la nueva sirenita debe ser blanca y pelirroja lo que debemos cuestionarnos es hacia dónde nos quiere llevar Disney ahora.

Hace unos meses, Julianne Moore defendía en Cannes las cuotas de las minorías diciendo que sin ellas, el cambio se vuelve imposible. Y quizá tenga razón porque la imposición, aunque no es ideal, puede ser la única forma en que la diversidad florezca y no sea aplastada por la cultura dominante. Mi apuesta está en la creatividad como solución: es urgente empezar a crear nuevos personajes e historias en las que la diversidad exista de forma natural sin tener que forzarla porque lo cierto es que siempre ha estado ahí.

Cuando el autor danés Hans Christian Andersen escribió en 1836 el cuento en el que se inspira la historia de esta bella criatura marina era la época del colonialismo europeo en la que los africanos estaban siendo despojados de sus tierras y a lo único que podían aferrarse era a sus historias, entre las que siempre han estado las sirenas, que para ellos son seres con quienes han convivido durante milenios y a los que se les atribuyen grandes poderes en la vida cotidiana. Ha habido sirenas negras desde el principio de los tiempos y mucho antes de que Andersen y Disney crearan a Ariel. Desde la perspectiva de la historia, lo justo es pensar que ya era hora de volver al origen y de tener una sirena negra con la que cualquier chica pueda soñar.

Opinion

El incierto futuro del cine

Columna publicada en El Universal

Hace unos días el New York Times publicó un artículo llamado “¿Cómo las películas (como las conocemos) sobrevivirán los próximos 10 años?” en el que se le preguntaba a productores, directores y actores cuál es su visión de la industria en el futuro.

La pregunta ha estado en el aire en los últimos años en los que la popularidad de las plataformas digitales ha explotado pero el debate se ha vuelto urgente pues el cambio ya no es algo imaginario, está aquí. Netflix cambió la forma que tenemos de ver las películas pero es sólo la punta del iceberg pues pronto llegarán otras formas de streaming como Disney, Apple, Warner Bros, etc.

En el artículo, el presidente de Sony Pictures, Tom Rothman, da en el clavo al decir que el meollo del asunto está en encontrar qué películas lograrán hacer que la gente salga de sus casas para ir a un teatro a verlas y pone en la mesa la nueva palabra usada por los grandes estudios: theatricality (teatricalidad).

Algo clave será la selección, pues más que nunca los productores se están preguntando qué piezas son suficientemente originales para estar en un cine y todavía no hay un patrón claro del comportamiento de las audiencias. Por ejemplo, en el caso de Crazy rich asians, de Jon M. Chu, sucedió todo lo contrario a lo esperado y la cinta fue una llamada masiva para acudir a las salas recaudando una taquilla de 26 millones de dólares el primer fin de semana, que la convirtió en la primera película realizada para el público asiático-americano que logra esta posición.

Ahí está la otra cara de la moneda porque aunque siempre estará la tentadora comodidad del sofá, del click y la inmediata satisfacción que han traído a nuestras vidas las pequeñas pantallas, hay momentos en los que la experiencia del cine se vuelve irremplazable.

En los 90 cuando aparecieron los compact disc la industria del vinilo casi desapareció. Dos décadas después, empezó a resurgir. Primero fueron los adultos nostálgicos que querían revivir su juventud con los Beatles, Led Zeppelin, y otras joyas de los años 60 y 70, pero los que le están dando un vuelco a la industria son los millennials, que se han dado cuenta de la calidad del sonido del vinilo (más cálido que el digital) y la experiencia del arte de las portadas, más interesante que hacer una descarga.

En cuanto al cine, quizá la respuesta es el futuro, cuando nos cansemos de ver escenas maravillosas diluidas en la pantalla del celular, cuando añoremos la experiencia comunal de ver junto a familiares, amigos y extraños una misma historia o cuando, simplemente, queramos volver a sentir la magia de estar inmersos, durante 120 minutos, en la sala oscura en la que los 24 cuadros por segundo te hipnotizan.

Entrevistas

Julianne Moore busca la «Gloria»

Entrevista publicada en El Universal

La actriz produce la película porque, dice, vio que era tiempo de levantar sus propios proyectos

Nueva York.— Acaba de cumplir 59 años y Julianne Moore está radiante. Es una actriz que se conoce bien y que demuestra que se siente segura en su propia piel.

Pese a las presiones de Hollywood, no ha sucumbido a las cirugías ni el bótox y ha empezado un nuevo camino: el de buscar sus propios proyectos, esos que los grandes estudios difícilmente producirán.

Este es el caso de Gloria Bell, el remake de la película Gloria del director Sebastián Lelio (Una mujer fantástica) en la que Julianne protagoniza a uno de los personajes más interesantes de su carrera: el de una mujer en sus 50 que intenta rehacer su vida amorosa y sexual.

Desde que vio por primera vez la película chilena, expresa la actriz, se emocionó tanto que no dejó de pensar en ella.

El filme aborda la historia de una mujer madura que pasa el día en la oficina y de noche disfruta de la vida en los bares y del sexo.

“Estaba eufórica cuando terminó la película. Desde ese momento supe que tenía que trabajar con Sebastián y que quería conocerlo, así que hablé con su mánager y me dijo que estaría encantado de reunirse conmigo”, comenta a EL UNIVERSAL en una entrevista exclusiva en el Hotel Langham de Nueva York.

El amor que Julianne siente por Gloria, el personaje principal del filme, tiene que ver con que es una mujer a la que todos quisieran parecerse, según explica.

“Es tan positiva, está tan comprometida con todas sus relaciones, con sus actividades y además es muy dinámica, siempre quiere intentar cosas nuevas, además de que piensa lo mejor de las personas y es optimista incluso cuando enfrenta situaciones complicadas. ¿Quién no desearía ser como ella?”, dice.

Moore explica que fue complicado el proceso porque hubo muchos malos entendidos al planear la película que llega hoy a los cines mexicanos.

“A mí me dijeron que él no quería tener nada que ver con el remake de este filme si lo hacíamos y a él le habían dicho que era yo la que no quería involucrarme en el proyecto”.

Gracias a una comida que tuvieron en París, agrega la actriz, en donde por fin se conocieron y charlaron, ella le dijo:

“Sólo haría esta película si tú la diriges y él me respondió que él sólo la dirigiría si yo estaba en ella”.

El cineasta admira a Moore y fue la única razón por la que aceptó hacer la nueva versión.

“Creo que Julianne está en su mejor momento, tanto en términos de experiencia como de vitalidad. Hay muchas dimensiones en ella”.

Para Moore, era importante hacer su propia versión del personaje, luego del elogiado trabajo que realizó Paulina García en la película original en Chile.

“Lo que Paulina logró fue perfecto ante mis ojos. Mi sentimiento era que su actuación fue tan bella que ni siquiera iba a volver a verla mientras filmábamos este proyecto porque sabía que cualquier cosa que hiciera no sería ni podría ser como lo que ella había logrado. Lo pensé como si estuviera haciendo teatro, en donde hay millones de Julietas y eso nunca es un problema”.

Una de las principales diferencias entre la cinta original y ésta es el lugar en donde se desarrollan; la primera en Santiago de Chile y esta nueva versión en Los Ángeles.

“La soledad y el aislamiento que sientes ahí (en Los Ángeles), en donde siempre estás en tu coche y nadie está realmente cerca del otro, ni siquiera de sus vecinos, era la correcta para este filme”, dice Lelio.

Entrevistas

Gael descubre otro México

Entrevista publicada en El Universal

Dirigir «Chicuarotes» le cambió la vida a García Bernal; “es una fábula juvenil”, dice de la cinta filmada en Xochimilco

Cannes.— Le llevó 12 años y una treintena de películas como actor decidir volverse a poner detrás de cámaras. Desde que lo hizo con Déficit (2007) a la actualidad no sólo pasó el tiempo, también la experiencia, las canas, las preguntas y la evolución de la mirada porque si algo ha podido hacer García Bernal es estar en los sets de directores visionarios como Walter Salles, Pablo Larraín, Michel Gondry, González Iñárritu y eso se queda en la piel.

“Afortunadamente como actor tengo el chance de estar en esta puerta giratoria de sets, de diferentes dinámicas, universos y posturas ante el trabajo y eso lo aprendes”, dice a EL UNIVERSAL en la terraza del Hotel Majestic horas después de que su película se estrenó en el Festival de Cannes.

Pero según el mismo Gael, no sólo se necesitan las ganas y la experiencia para contar una historia y dirigirla, sino también encontrar algo que te despierte la curiosidad suficiente para embarcarte en todo lo que este proceso implica.

Ese motor sólo llegó con la idea de hacer Chicuarotes, que se estrena el 27 de junio en México.

“El primer impulso vino al leer el guión de Augusto Mendoza, una historia increíble que cambió mucho a lo largo del proceso pero en la que se mantuvieron muchos de los rasgos originales como la comedia y el drama”, explica.

“Algo que también me llamó mucho la atención fue la posibilidad de internarme en un mundo muy diferente al mío, entenderlo y explorarlo. Y es que en realidad siento que es como si hubiera hecho una película en Finlandia porque hay algo que no dejó de sorprenderme y es que nunca paré de decirme a mí mismo: ‘¡carajo! Esto sucede en la misma ciudad en la que vivo y no conocemos esto’. Y lo digo así, generalizando, porque muy poca gente tiene idea de ese lugar”, reflexionó el cineasta, cuya película se sitúa en San Gregorio Atlapulco —uno de los pueblos originarios de la delegación Xochimilco— en donde la necesidad empuja a sus dos protagonistas a idear un peligroso plan para salir de su situación que tomará caminos inesperados.

A Gael, hacer esta cinta le cambió la vida en muchos sentidos, dice.

“Pero lo que me da mucha curiosidad es qué es lo que va a pasar con toda la gente que es de San Gregorio y que trabajó en Chicuarotes porque siento que a ellos la película también los movió. Muchos de los actores jóvenes, la gran mayoría de hecho, son de ahí y ahora se están preguntando si quieren dedicarse a la actuación, otros ya están empezando a plantearse hacer cine y eso es hermoso”, dice el cineasta, quien para realizar este filme hizo, junto con su equipo, una investigación con la que se adentraron a fondo en el pueblo de San Gregorio.

“Primero entendimos el lugar y luego hicimos un casting abierto al que llegaron 800 chicos y ahí empezaron a surgir los diferentes personajes y varias cosas que nos dieron el chance de entender más la película, jugar con las particularidades del lugar y con lo que queríamos contar. Ha sido un proceso gozoso y libre”, explicó.

Lo que le encanta de la película, señala, es que logra navegar por la comedia negra con mucho equilibrio y tiene muchas sutilezas.

“Es una cinta que se disfruta pero que a la vez tiene intensidad y profundidad. Aquí lo que queríamos hacer era algo desde dentro, que fuera completamente plausible pero que a la vez tuviese un tufo de realidad. Queríamos hacer una fábula juvenil, original, en este caso anfibia en la que la pérdida de la inocencia no fuera solamente de cómo el mundo te condiciona o cómo el contexto condiciona a los personajes para ser de tal o cual manera, sino también de cómo, al final del día, es una decisión de los personajes hacer lo que hacen. Y eso creo que también hay que afrontarlo”.

Para Bernal, la película puede gustar o no pero siente que lograron hacer algo muy original.

“Eso me da mucho orgullo porque siento que sólo en México podemos contar este tipo de historias de esta forma. Y creo que es interesante porque trae luz a temas importantes”, finaliza.

Opinion

Del éxito se aprende muy poco

Columna publicada en El Universal

Todavía no se conoce un estudio en psicología que asegure esta afirmación pero lo que me llama la atención es que últimamente me ha tocado escuchar a muchas personas exitosas decir que de los triunfos se aprende muy poco pero lo que los ha hecho más completos como personas han sido sus fracasos.

En eso coinciden muchas estrellas. Entre ellas, Sylvester Stallone, quien en su reciente paso por Cannes reflexionó cómo lo que lo que realmente lo hizo crecer fueron los “no” que los estudios le dieron a él y a sus proyectos a lo largo de su vida.

De esas negativas también supo mucho George Lucas, al que todas las casas productoras lo tomaron por loco con su historia de una guerra galáctica hasta que tras mucho insistir, Fox decidió darle una oportunidad.

Acerca del éxito, Iñárritu me dijo que es algo que te puede envenenar y que por eso siempre se acordaba de las palabras de su padre cuando le repetía que con el éxito había que hacer un buche para después escupirlo. Guillermo Del Toro ha hablado de esto en todas sus clases magistrales y una de las frases célebres de Bill Gates es que, “el éxito es un pésimo maestro, seduce a la gente inteligente para que piense que no puede perder”.

Estamos acostumbrados a ver el éxito como una fotografía estática de las personas sonriendo en un entorno perfecto pero pocas veces tenemos la oportunidad de conocer las historias que hay detrás de esa imagen y en las que, sin duda, ha habido dificultades.

No muchos saben, por ejemplo, que a Gabriel García Márquez todas las editoriales le rechazaron Cien años de soledad y que tuvo que enviar desde México las 700 páginas de la novela divididas en dos partes a la editorial Sudamericana de Buenos Aires porque no podía pagar el coste del peso de todas las páginas juntas.

“Mandamos la mitad de la novela en un primer envío y nos fuimos a casa. Mercedes sacó las últimas cosas que quedaban por empeñar que eran el calentador que yo usaba para escribir —porque yo puedo escribir en cualquier circunstancia menos con frío—, el secador que usaba para la cabeza y la batidora y se fue con eso al Monte de Piedad.

“Con lo que nos dieron volvimos al correo para enviar el resto de la novela. Sólo nos quedaron dos pesos de cambio. Cuando salimos del correo yo me di cuenta de que Mercedes estaba verde de encabronamiento y me dijo: ‘ahora lo único que falta es que la novela sea mala’”, le contó García Márquez al periodista colombiano Germán Castro Caycedo en una entrevista para televisión en 2002.

De lo que no queda duda es de que en estos casos hay un ingrediente común y fundamental y es que todas la personas que han llegado a lo más alto han tenido valor para arriesgar y lo más importante, han creído en sí mismas. Pero hay otra pieza clave y es el motor del éxito, tan importante como el camino para lograrlo. Márquez decía que él había descubierto que escribía para que lo quisieran más. En el fondo, quizá, eso es lo que todos buscamos.

Opinion

El Festival de Cine Internacional de Cannes: el negocio…

Cada año, con el Festival de Cannes en puerta me pregunto, ¿por qué quiero volver? Es una experiencia agotadora en la que cada día la rueda de las películas, conferencias de prensa y entrevistas empieza al amanecer y no para hasta la madrugada. Duermes poco, comes mal y entras en un permanente estado de estrés. Pero ahí estás y curiosamente, te sientes privilegiado.

Algo tienen estos eventos que se vuelven adictivos. Lo primero que hay que saber es que los festivales de cine se clasifican según su prestigio siendo los de Clase A, los más importantes. Actualmente hay 15 en el mundo pero los más destacados son Berlín, Cannes y Venecia y es adonde los directores de cine sueñan con llevar sus películas.

Para ser un festival de clase A se debe tener una competencia y cumplir con los estándares de la FIAPF (Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Filmes) que demanda un alto nivel de organización, calidad en la selección de las películas y jurados, infraestructuras, etcétera.

No cualquiera puede estar ahí: ni el que presenta sus creaciones, ni quienes hablamos de ellas. Todos somos parte de la llamada gamification en marketing, tu paso por los festivales hace que entres en un juego de recompensas, niveles, progresos.

La primera vez que vas no logras entrar a nada, pero van pasando los años y ven tu desempeño y fidelidad, suben tus bonos, vas abriendo puertas desconocidas, logrando accesos exclusivos y eso es irresistible.

Pero nadie se salva: lo mismo le ocurre a los directores de cine que van escalando de secciones hasta llegar a la Sección Oficial, a los actores que empiezan a ser invitados a ser jurados, etcétera.

Por supuesto, esto es un gran negocio: el festival cuesta 25 millones de dólares aproximadamente. De este presupuesto, casi 400 mil dólares se destinan a las Palmas de Oro, el máximo galardón del festival confeccionado con 118 gramos de oro de 18 quilates sobre piezas de cristal de roca (éstos requieren 40 horas de trabajo de siete orfebres y cada Palma está valorada en 20 mil dólares).

Cannes tiene una población de 70 mil habitantes pero el festival eleva el flujo de gente a 200 mil personas. Para entrar a las galas hay que ir con esmoquin y durante esos días una treintena de comercios los venden sin descanso con precios que oscilan entre los 500 y los 3 mil dólares.

Los hoteles y departamentos de alquiler triplican sus precios y llegan a la ocupación máxima. Las celebrities pagan más de 40 dólares por noche en el Penthouse del Hotel Majestic y los restaurantes, yates, casas de champaña y moda no paran de llenar sus arcas hasta que acaba la euforia.

Es el negocio del prestigio. Pero para que esto exista hay una pieza fundamental: las películas. Cada año, cuando sales de ver la nueva creación de ese director que te voló la cabeza, te sientes la persona más afortunada porque has sido testigo de algo grandioso, que sólo logra el cine. Entonces vuelves.

Columna publicada en El Universal