Con una química intacta dentro y fuera de la pantalla, Cruz y Bardem presentan Búnker y convierten su paso por Venecia en una conversación sobre amor, responsabilidad moral y los dilemas políticos de nuestro tiempo.

Venecia, 08 de septiembre de 2026. Por fin llegó al Lido la pareja más esperada del cine. Penélope Cruz y Javier Bardem desembarcaron en Venecia para presentar Búnker, la nueva película de Florian Zeller, que compite por el León de Oro y convierte una crisis matrimonial en un inquietante retrato de los dilemas morales de nuestro tiempo. Zeller contó que escribió la cinta expresamente para ellos. En Búnker Bardem interpreta a Miguel, un prestigioso arquitecto español afincado en Londres que recibe la oferta de un multimillonario tecnológico para construir en Hawái un búnker de ultralujo donde su familia y sus amigos puedan sobrevivir durante al menos un año si el mundo colapsa. Su esposa, Sofia (Cruz), no puede aceptar la contradicción ética: ¿qué significa diseñar la salvación de unos cuantos privilegiados mientras el resto es abandonado?
La propuesta del proyecto y las dudas de Miguel sobre si debería hacerlo o no sacan a la superficie las fisuras de un matrimonio de 17 años y las visiones de ambos. La inspiración de Zeller, según contó en la rueda de prensa del Festival, surgió de leer una noticia sobre cómo Mark Zuckerberg había pedido construir un refugio secreto en Hawái. “Me pareció una paradoja fascinante”, explicó el director, “un hombre que había construido su fortuna conectando a millones de personas preparaba al mismo tiempo un plan para apartarse de ellas. De ahí nació una idea todavía más perturbadora: todos, en cierta medida, estamos tentados a vivir en un búnker. No necesariamente uno real, sino un búnker invisible”.
La película también observa cómo la tecnología ha modificado nuestra manera de relacionarnos. “Muy pocas personas en el mundo lo poseen casi todo actualmente. Poseen nuestra privacidad, nuestros correos, las plataformas en las que nos comunicamos. Y eso es algo que tenemos que cuestionar”, advirtió Zeller. En ese sentido, resultó especialmente interesante que la Mostra programara Búnker junto a Musk, el documental de casi cuatro horas de Alex Gibney sobre Elon Musk y la concentración de poder tecnológico, económico y político en manos de un solo hombre.
Sin estar conectadas formalmente, ambas obras plantean una pregunta común: qué sucede cuando quienes tienen la capacidad de transformar el mundo también pueden decidir quiénes quedan protegidos de sus consecuencias. La relación entre Cruz y Bardem le dio a la presentación una doble dimensión. Zeller reconoció que su condición de pareja real ayudó a construir la intimidad de los personajes, aunque ellos aseguran distinguir con claridad entre el trabajo y su vida privada. Cuando les preguntaron si durante el rodaje discutían como sus personajes, Bardem respondió, rotundo y divertido: “No, no, nunca”, provocando las risas de la sala.
Cruz explicó que aceptaron el reto porque confiaban en que Zeller “iba a proteger ese territorio íntimo y no les pediría utilizar elementos de su relación”. La rueda de prensa también evidenció la posición pública de ambos frente a los temas que atraviesan la película. “Sería muy contradictorio estar aquí con esta película y decir: ‘No quiero hablar de eso, no quiero hablar de política´. Es imposible”, afirmó Cruz. La actriz expresó su preocupación por la velocidad con la que el poder y la tecnología transforman nuestras vidas: “Nos tratan como marionetas y, pese a ser algo obvio, no reaccionamos. Y me da tristeza y rabia”. La actriz puso además el foco en quiénes tienen realmente capacidad para decidir: “En los puestos más importantes hay poquísimas mujeres entre quienes toman las decisiones”.

Tampoco dudó en referirse a quienes concentran ese poder tecnológico y económico y preguntarse por la aparente pérdida de empatía: “¿Qué mundo están dejando a sus hijos y a sus nietos? ¿Hay algún gen que les hace perder la empatía?”. Para la actriz, una de las alarmas que enciende la película es precisamente esa: “Estamos a punto de perder la conexión humana”. Y aunque observa un panorama “oscuro y preocupante”, encuentra una esperanza en las nuevas generaciones: “Los jóvenes se están dando cuenta de la manipulación y hablan de política más que antes”.
Su esperanza, añadió, está en ellos porque están dispuestos a hablar y debatir. Bardem defendió el derecho de cualquiera a pronunciarse sobre aquello que considera fundamental: “No importa si eres artista, actor, fontanero o taxista, tienes derecho a expresar tu verdad”. También reconoció el alcance de su propia plataforma: “Tengo este micrófono y los tengo a ustedes escuchándome, eso añade responsabilidad”.
Para él, Búnker invita a preguntarnos cómo miramos a los demás y qué ocurre cuando el miedo nos lleva a criminalizarlos o deshumanizarlos. Fue entonces cuando dirigió la mirada hacia Europa y el avance de posiciones de extrema derecha en el continente: “No creo que Europa, en su conjunto, esté reflejando lo que debería representar: los valores de una democracia y de una inclusión verdadera. Hay muchos países europeos que se están volviendo cada vez más extremistas”. Y al hablar de inmigración, trasladó esa reflexión a la responsabilidad de las sociedades privilegiadas frente a quienes se ven obligados a abandonar sus países: “Las personas escapan de las guerras, de la miseria y de lugares imposibles para vivir a 50 grados. Nosotros somos responsables. Nuestros lujos se basan en la miseria de alguien más, todos lo sabemos”, dijo con gravedad.
