Gael García Bernal vuelve al origen en Venecia


Venecia, 07 de septiembre de 2026. Hay lugares que parecen resistirse al tiempo y eso le pasa a Gael García Bernal con la ciudad en donde despegó su carrera cinematográfica. Han pasado 25 años desde aquella aventura alrededor de Y tú mamá también cuando él y Diego Luna apenas comenzaban a descubrir de la mano de Alfonso Cuarón hasta dónde podía llevarlos el cine. Ahora Gael regresó al Festival como director de Hombre al agua, una película íntima, libre y profundamente personal que contiene muchas de las preguntas que lo acompañan hoy: qué significa ser hombre, ser padre, pertenecer a un lugar y, sobre todo, seguir creyendo en el cine. Su paso por la alfombra roja tuvo algo poco habitual en un festival de esta magnitud. Más que una Premiere pareció una reunión de amigos. 

Estuvieron Diego Luna, Ricky Martin, Esmeralda Pimentel, Jorge Salinas, Bárbara Islas y muchos de quienes hicieron posible la película delante y detrás de las cámaras. “Fue una noche impresionante que me seguiré saboreando, yo creo, toda la vida”, suspiró Gael en la charla realizada en una terraza con el Adriático de fondo la mañana siguiente. Enseguida apareció una de las ideas que atravesó la conversación: la película existe porque hubo un grupo de personas que quiso hacerla incluso cuando quienes tenían que financiarla no estaban convencidos. “Los que dan el dinero para las películas no querían hacer este proyecto, pero como espectadores también creemos que hay un gusto real por ver estas historias locas, díscolas, libres y amorosas”, compartió. Por eso la alfombra significó tanto, pues fue la culminación de una aventura hecha desde el deseo colectivo. Una pequeña insurrección cinematográfica. Gael no habla de cerrar círculos. 

Prefiere imaginar el tiempo como una espiral: uno regresa a ciertos lugares, pero nunca exactamente al mismo punto. En Venecia, caminando hacia la alfombra roja junto a Diego, aparecieron inevitablemente los recuerdos. Aquellos días de hace un cuarto de siglo cuando comenzaban a descubrir no sólo una profesión, sino “la artesanía del cine”. Quizá Hombre al agua sea también una manera de agradecerlo. “¿Qué mejor forma de rendirle tributo a toda esta vida que haciendo una película?”. Pero volver al origen no significa quedarse en la nostalgia. La película utiliza la comedia para abrir preguntas bastante menos ligeras: la paternidad, Cuba, la corrupción de los sistemas políticos latinoamericanos y esa sensación contemporánea de que prácticamente cualquier gesto, palabra o deseo puede terminar convertido en mercancía. Frente a eso, Gael propone recuperar el ritual, el carnaval, la comunidad. Y sobre todo, volver a mirar a los otros. “Tenemos que trasladar la noción del amor a los cuidados”, remarcó. 

La frase funciona como una pequeña brújula de toda la película. Camilo, su protagonista y a quién encarna, quiere ser padre y quiere ser uno bondadoso. Su relación de pareja ya no funciona y necesita encontrar otra manera de conversar, de relacionarse, de construir familia. En ese desplazamiento hay también un cuestionamiento de la masculinidad. “Quería hacer un cuento sobre esta redefinición de algunas cosas que nos dan una clave acerca de cómo podemos encontrar un mejor porvenir”. Al preguntarle por su propia vuelta al origen después de tantos años de carrera reconoció que la película tiene mucho de autobiográfica aunque la realidad de Camilo no sea la suya. “Así son las fábulas. Pero en esta historia esta Latinoamérica, mi identidad Argemex, los países en los que he vivido, mi familia y cierta nostalgia por una libertad de expresión que me tocó conocer, ejercer e incluso defender”, pensó. 

Y está algo todavía más elemental: la importancia de la tribu. “También hubo una vuelta a lo esencial desde lo más práctico: llamar a todos mis amigos para que hicieran la película”. Todos dijeron que sí. La imagen contradice mucho a lo que asociamos con una industria gigantesca: en lugar de una maquinaria perfectamente calculada se trató de un grupo de personas subiéndose al mismo barco porque creían en la aventura. También hubo dos Gael dentro de esta historia: el actor y el director. No es la primera vez que García Bernal se dirige a sí mismo, pero, según contó el cineasta, el Gael actor sabe exactamente qué necesita el Gael director: “tiempo, calma, disfrutar y gozar el proceso”. Esa confianza fue esencial porque Hombre al agua no se construyó desde la obsesión por encontrar inmediatamente una solución, sino desde el deseo de explorar. “Ese es el problema en el que estamos hoy en día. 

La creación artística está volcada en torno a resolver y no en explorar ni experimentar”. Ellos hicieron lo contrario. El guion fue una guía, no una prisión. Podían jugar, probar, permitir que los actores y los espacios transformaran lo imaginado. “Ese juego del cine me fascina”, explicó el artista. Aunque detrás de la libertad exista siempre el miedo inevitable de preguntarse si aquello funcionará. La experiencia, sin embargo, le ha regalado perspectiva. “Tan sólo estamos haciendo una película, no pasa nada si no funciona”. Pero después llega la precisión: si la película es buena sí pasan cosas. Como ejemplo recordó cómo mientras hacían Amores perros a nadie le importaba que estuvieran rodando aquella película.

 

El mundo seguía girando. Y, sin embargo, hoy le resulta imposible comprender Latinoamérica sin películas como la de Iñárritu, Ciudad de Dios o Nueve reinas, por mencionar algunos ejemplos. Gael sigue creyendo profundamente en el poder del cine, pero pone una condición: tiene que hacerse desde la libertad. No desde la fórmula ni desde la necesidad de satisfacer al algoritmo. Porque cuando una película nace únicamente para responder a aquello que supuestamente queremos consumir, corre el riesgo de convertirse en algo instantáneamente irrelevante: la vemos y al día siguiente la olvidamos. 

Él busca otra cosa. Trascendencia, ritual, comunidad. Esa misteriosa capacidad del cine para transformar nuestra memoria mucho después de que las luces de la sala se hayan encendido. “Suena muy hippie romántico lo que estoy diciendo, pero creo en ello porque me tocó vivirlo así”. Antes de despedirnos es inevitable preguntarle por Ricky Martin. Gael sonríe. “La colaboración con él ha sido hermosa. Y estamos apenas comenzando”. Mientras el cineasta imaginaba la película sólo veía a una persona en aquel personaje. 

Cuando finalmente consiguió hablar con Ricky comenzó a explicarle todas sus teorías sobre el proyecto. La respuesta de la estrella fue mucho más sencilla: “Quiero. Dime cuándo y a qué hora y yo voy”. Y Martin fue dispuesto a jugar y a entrar en ese carnaval. Gael habla de él con enorme cariño. Está agradecido de que un contemporáneo suyo forme parte de la película, la defienda y se la eche al hombro. Y termina describiéndolo de la manera más honesta: “Es famoso no sólo por todo lo que hace. Es famoso porque es buena persona”. No es extraño que Martin haya conectado con Hombre al agua, pues aunque es un filme que habla de muchas cosas termina regresando al mismo lugar: el amor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *