Gael se lanza al agua en Venecia


Venecia, 07 de septiembre de 2026. Había algo de fiesta, de reencuentro y hasta de celebración familiar en la Sala Giardino en el Lido de Venecia. Desde que Gael García Bernal apareció rodeado por sus actores, amigos y cómplices —entre ellos Diego Luna y Ricky Martin, productores ejecutivos de la cinta—, el estreno de Hombre al agua tomó un aire distinto al de una función solemne de festival. Hubo abrazos, carcajadas y miradas de complicidad. Cuando las luces volvieron a encenderse tras la proyección, Gael se dejó abrazar por los aplausos. Sonreía como quien acaba de entregar algo íntimo.

Porque aunque Hombre al agua se disfrace de disparate, sátira y fábula, hay algo profundamente personal en la nueva película que García Bernal dirige. “Quiero insistir en que es una comedia”, dijo. Y quizá ahí está la clave. La cinta habla de temas profundos sin abandonar el humor ni cierta cualidad onírica. La historia comenzó a perseguirlo cuando Gael se convirtió en padre, según contó tras la proyección, “empecé a elaborar las primeras tres escenas con esas ideas maravillosas que aparecen durante el día, por la noche, con el insomnio o en los sueños y comencé a jugar con ellas. Eso fue hace ocho años. Desde entonces la fantasía empezó a convertirse en un guion”. 

La paternidad alteró también su percepción del mundo y terminó filtrándose en Camilo, el salvavidas cubano que interpreta él mismo y que, después de rescatar a Abel —un poderoso empresario mexicano que estaba a punto de ahogarse en la playa de Varadero—, acaba atrapado en la vida que el magnate construye para él a raíz del accidente. “Empecé a pensar en mis miedos, mis preguntas, mis deseos y en esa sensación de que el mundo puede ser muy hostil cuando tienes un bebé. Pensé en cómo nos apropiamos de la vida de los otros. Es como abrir la lámpara del genio: te concede un deseo, pero ese deseo tiene un precio”, contó.

Así fue creciendo una fábula sobre “la crisis de la masculinidad, la paternidad, una separación, el cuerpo político de América Latina y, posiblemente, también un homenaje al cine”, compartió. La película se mueve precisamente así: entre la reflexión y el juego, con hechos, momentos de ensoñación y una cadencia que Gael entiende casi musicalmente. “Estoy muy de acuerdo con Alfonso Cuarón cuando dice que el cine está mucho más cerca de la música que de la literatura”, explicó. 

Hasta encontrar el ritmo hubo que probar, equivocarse y volver a empezar. Pero, “nunca improvisamos —remarcó— Siempre exploramos. Y hay una gran diferencia. No era un accidente: descubríamos y probábamos cosas sabiendo lo que estábamos haciendo”. A ese juego entró Ricky Martin, estrella y productor ejecutivo, quien interpreta a un actor contratado por Juana (Esmeralda Pimentel), la mujer de Camilo. Martin recordó la humildad con la que Gael le propuso participar. “Empezó a contarme historias hasta que finalmente me dijo: ‘Me gustaría que formaras parte de esto’. Y yo pensaba: ‘¿Sabes quién eres? ¿Sabes todo lo que has hecho y lo que representas?’”. La respuesta fue inmediata: “Dime a qué hora y cuándo. Ahí estaré”. Para la estrella boricua, que escuchó por primera vez la palabra “¡Acción!” dentro de un set a los 15 años, venir con este filme a Venecia ha sido una bocanada de aire fresco. “Tengo 54 años y hoy me siento como un niño, porque todo se siente nuevo”. Del director destacó precisamente la libertad: “Todo está organizado y estructurado, así que nunca te sientes perdido. Te sientes protegido”. 

Jorge Salinas (Abel) habló de lo que ha sido conocer a Gael desde sus comienzos pues coincidieron en El abuelo y yo (1992) y después en Amores perros (2000) y verlo ahora como director. “Tuve que descubrirlo como mi jefe, como un creador y enfrentarme al reto que me planteó: construir a un político mexicano sin reducirlo a la corrupción, encontrar también al ser humano”. García Bernal conoce bien el otro lado de la cámara. Debutó como director de largometraje con Déficit (2007), volvió con Chicuarotes (2019) y codirigió con Marc Silver el documental Los invisibles (2010), sobre migrantes centroamericanos que atraviesan México. Hombre al agua es su tercer largo como realizador. 

Pero Venecia cerró esta noche un círculo mucho más antiguo, pues en 2001 Gael y Diego Luna llegaron al Lido con Y tu mamá también, de Alfonso Cuarón, y salieron compartiendo el premio Marcello Mastroianni a la revelación actoral. Veinticinco años después estuvieron nuevamente juntos: uno presentando la película que había escrito, dirigido, producido y protagonizado; el otro acompañándolo como productor ejecutivo. Y Gael no pudo dejar de reconocer ese largo recorrido juntos y dedicarle unas palabras especiales a su amigo y cómplice desde entonces, “quiero agradecerle a Diego que está aquí conmigo y con quien vine a Venecia a presentar la película que nos dio la sensación de que podíamos dedicarnos a esto. Gracias a esa cinta y a todo lo que después hicimos podemos vivir en este mundo fantástico que es el cine, que nos ha dado familia, amigos y mucha libertad de expresión. También nos ha dado una responsabilidad muy fuerte de querer contar y defender aquello que hemos ganado como sociedad e insistir en lo que todavía nos falta por conseguir además de continuar luchando contra la injusticia y muchas cosas más”.

Hacia el final de la presentación, la voz de Gael comenzó a cambiar con la emoción. “Esta película ha sido un sueño”, mencionó a los lugares a los que les dedica la cinta: Yucatán, Cuba, Brasil, México, Puerto Rico. “Gracias, cabrones”, dijo entre risas. Pero hubo una última dedicatoria. La más íntima: “a mi papá, que falleció cuando estaba pensando este proyecto”. La voz se le entrecortó y por un instante toda aquella fiesta pareció detenerse. Entonces Hombre al agua dejó de ser solamente el título de una película. Porque Gael sabe que el cine también sirve para eso: para lanzar una cuerda hacia quienes ya no están y, durante un par de horas, conseguir traer su memoria de vuelta a la orilla.

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